El alcalde de Trigueros, Cristóbal Romero, es un monstruo total. Empezó de la Nada en el PSOE (no crean que hace tanto tiempo), se fue al PA cuando tarifó con ‘fray’ Domingo Prieto y con éste partido de adopción alcanzó la alcaldía apoyado por el PP hasta que decidió fugarse y volver a la colaboración con el PSOE acogedor de tránsfugas. Y allí permanecerá hasta las próximas elecciones en que nuevamente encabezará la lista de este último partido, que como ven se pasa por el arco sus propios pactos contra la canallería transfugista, algunos tan cercanos como el que hace nada y menos firmó el ministro Sevilla en el Congreso de los Diputados. Todo vale en esta guerra sin cuartel, hasta la vileza de respaldar al traidor contumaz, lo mismo en Trigueros que en Aracena, Gibraleón o Punta Umbría entre tantos lugares. Contando con “políticos (¿) todoterrenos” como don Cristóbal, a ver dónde esté el problema. Se explica que una propuesta iconoclasta como la formulada por Trevijano en la última “Charla” de Punta Umbría pusiera al público en pie. Porque esto da asco, sencillamente asco, aunque haya que tragárselo.

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