Pego en Málaga la oreja al crecido cabreo que se nota entre sus gentes por la reacción política –sevillita y madrileña– al anuncio de instalación del futuro museo Tyssen en esta “capital económica” de Andalucía que bien podría reclamar también, de seguir la burra a esta paso, la capitalidad cultural. Sobre todo cabrea al personal el silencio de la Junta, el ninguno del importante proyecto, la minimización de su eventual impacto por la consejería de Cultura, pero también la imagen de una ministra de Cultura al borde de un ataque de nervios porque un Ayuntamiento rival logre tan señalado éxito y tratando de que los Tyssen “compensen”, dentro de lo posible, a Sevilla. Gran cabreo, ya digo, y más que justificado en un momento en que la Junta y el Gobierno no se lo piensan dos veces para inaugurar en los feudos adversarios todo lo inaugurable. Pero la Cultura debería estar al margen de restas frondas de partido y ser apoyada siempre desde el poder. Eso es lo que la ministra hubiera dicho mientras trajinaba para llevar los picazos a Málaga y lo que debería hacer ahora que los de enfrente han conseguido arramblar también con los fondos del barón.

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