El anuncio de ese partido islamista que pretende participar en la democracia española ha despertado, junto a explicable inquietudes, algunos debates interesantes. Por ejemplo, el que versa sobre el riesgo de que desde Marruecos, pongamos por caso, pueda acabar teledirigiéndose la vida pública española. O el que cuestiona la adaptabilidad a la democracia de una ideología teocrática. ¿Puede concebirse siquiera un partido cristiano en un país de ese otro mundo? La democracia es una cosa demasiado seria como para permitir que se la cuestione desde dentro Y eso es algo perfectamente previsible en un partido como el recién surgido.

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