Escuche usted a un político referirse a la política de menores de la Junta, a la aplicación –lastimosa y truquista—de la ley de Dependencia, al problema de las drogas o al drama del acoso escolar. Le dirán vaguedades, le hablarán del sexo de los ángeles. Y luego pregunte al Defensor del Pueblo y oirán esto: “En menores no podemos demorar las soluciones trece años”, “hay mucha gente que muerto esperando la aplicación de la ley de Dependencia”, “en el acoso escolar hay que tomar ediciones fuertes contra los verdugos”. La verdad por delante, la simple realidad, contrastando con el cameleo de los responsables. Hace falta más administración  y menos política.

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