La candidata republicana, Sarah Palin, usa gafas japonesas. Gafas sin montura, fabricadas con titanio en un pueblo japonés de nombre ¡Obama!, no se lo pierdan, obra de un diseñador de moda llamado Kazuo Kawasaki. La exitosa imagen de Palin ha hecho puesto de moda sus gafas no sólo en Norteamérica, que sería lo normal, sino en el mismísimo Japón, donde el afortunado fabricante, aunque se niega a concretar sus pedidos, confiesa que ha visto multiplicada la demanda al menos por diez. Gafas famosas de políticos ha habido no pocas, desde las mínimas que popularizó Gandhi hasta las famosas “gafas Truman” que el presidente americano impuso en medio mundo tras su hazaña de Hiroshima, pero la verdad es que ese ‘complemento’ se ha vuelto un objeto de primera necesidad en la vida pública como lo prueba que la propia Palin tenga cinco pares reconocidos en su guardarropa. Lo curioso es que ese modelo liviano ya lo lució Colin Powell sin que trascendiera poco ni mucho, lo que indica que la actual boga es eminentemente femenina, como fue masculina la que reprodujo por millares las famosas azules de John Lennon que, precisamente, ahora acaba de donar Yoko Ono para formar parte de cierto homenaje al Holocausto, y esa circunstancia sugiere curiosos presagios electorales. Las gafas caracterizan ya incluso a la santidad, como demuestra la estudiada coquetería del Dalai Lama o las frecuentes imágenes de santos recientes que, en muchas iglesias italianas, han incorporado ese complemento a la iconografía contemporánea. Los críticos coinciden en la bisoñez de Palin, en su pleno desconocimiento de la política exterior (no ha tenido pasaporte hasta antier), en que su baza reside en la apariencia y en que su fotogenia es infinitamente más decisiva que su cacumen, y en ese contexto se comprende que unas gafas bien elegidas constituyan un factor electoral decisivo. Una no va a comprarse las gafas de otra para acabar votando al rival, digo yo.

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De la frivolidad de la estimativa pública es buena muestra esta moda galopante que dice bastante sobre la función de las gafas como sugestivo factor de conformación de la aparente personalidad, y más todavía sobre la banalidad de muchos de los criterios con que la opinión pública se orienta en las democracias, incluso en las más consolidadas. Hay que admitir que la indumentaria política fue siempre influyente y suele citarse el caso de la moda filipina –el célebre “negro español”—que conviene aclarar que no fue elegido por el rey Felipe como muestra de austeridad precisamente sino por la riqueza del paño negro, prohibitivo por aquel entonces, y que acabaría vistiendo, según dicen, al propio Descartes. Pero que en una coyuntura dramática como la presente, unas elecciones americanas se fijen más en las gafas que en el mensaje, dicen que no poco vulgar, de la adversaria de Obama, resulta más que preocupante, no sólo por sus eventuales consecuencias en las urnas (en Japón las imitadoras de Sarah no irán a votar) sino en la medida en que el hecho pone de relieve la frivolidad de las estimativas. Claro que la sociedad medial no da gran margen a la política profunda ni el contexto audiviosual prima precisamente a las ideas frente a las formas, sino todo lo contrario y, en consecuencia, son éstas las que tienden a llenar el espacio vacío en el que la mayoría ni repara siquiera. Hasta se habla en EEUU de la fuerte miopía de la Clinton y su numantina resistencia a las gafas como uno de las razones posibles de su fracaso frente al candidato demócrata, lo cual, definitivamente, resulta desolador para quienes saben hasta qué punto la suerte del planeta depende de un país poderoso pero que se rige por criterios tan banales. Bourdieu se habría rasgado las vestiduras, seguramente, ante esta exhibición de mimetismo fútil que llega ya hasta Japón.

12 Comentarios

  1. Pues claro que ‘la frivolidad de las estimativas’. Si ya hemos trillado que hay millones de votantes que meten la mano en la rajita -bueno, en realidad es el de la mesa quien introduce el sobre en la urna- por motivos más o menos fútiles, el de la ‘imagen cautivadora’ no es sino más.

    Creo haber contado que mi peluquero en el 77, tenía un póster de los grandes de Glez y mientras te ponía los rulos largaba de pronto un ‘… a este le comía yo hasta las uñas de los pies’. Y luego soltaba un suspiro que desencajaba los adoquines de la vieja avenida. (Mi pelu era mariquita de plumazo y tentetieso. Aún no de decía guey ni ‘hombrosexual’. Cómo iba a ser hombrosexual si no tenía ni terminados los estudios primarios, y… ¡además era maricón!).

    Gafitas, nudos de corbata, camisas de cuadros, barbas u otros adminículos capilares conquistan más votos que propuestas sobre educación, economía o justicia. ¡Cielos!, he escrito justicia. Disculpen. Y es que si los tontos volaran nos veríamos condenados a la oscuridad, a una noche perpetua como la extinguió a los dinosaurios.

  2. (Doña Ann Onima, se le olvidó firmar.)

    Creo que se ganaría mucho tiempo y dinero si se rifaran las plazas entre unos cuantos. Evitaríamos el gasto de las elecciones, de la propaganda y de la publicidad, el clientelismo (que cuesta un pico), y los disgustos y acaloramientos que dividen a las familias en época de elecciones. Otra consecuencia sería la posibilidad de renovar al personal ( entre 10 habría que meter a uno menor de 50 años) y de seleccionar al personal sobre bases objetivas, por ejemplo, diplomas, capacidad de trabajo, de comunicación, respeto de la palabra dada y otras nimiedades.
    Un beso a todos.

  3. Sepa doña Marta, aunque a lo mejor lo sabe, que ya los griesgos utilizaban el sorteo, en efecto, para asignar las magistraturas públicas, lo cual no los libró de los tiranos, pero algo era algo. ¡Y además pagadas razonablemente! Hay que decir, eso también, que los que conmdenaron a Sócrates a beber la cicuta eran esos afortunados en la rifa.

  4. No hay que dacerse ilusiones con esta democracia decadente, herida, estragada, suplantada, lo que ustedes quieran: la tendremos renqueam te ¡y con un canto en los dientes! En Rusia hay ahora elecciones y muiren el resultado, pero no vayamos a creer que en USA atan los perros con longaniza porque no es así. Cuando se llega a una Convención ya hay bajo la mesa mucha basura y los armarios están llenos de cadáveres.

  5. Aunque a alguno le pueda parecer banal, la búsqueda de prestigio no deja de ser una meta natural del ser humano y emulando lo que el otro posee, aunque sea un modelito de gafas, no deja de ser una manera de ser copartícipe de él. Si emular al poderoso o al famoso a través de la moda de éste parece futil, creer en la inmutabilidad de las ideologías y la justicia y honradez en política me parece sencillamente infantil. Por otro lado desde cuándo la estupidez, la hipocresía, la vanidad, y un largo etcétera no son esencialmente humanas. Que estemos alienados no significa que ésta se haya producido por marcianitos verdes, es más, ni creo que el personal sea inconsciente de dicha alienación, ni que la mayoría tengas muchas ganas de salir de ella.

  6. LAS GAFAS DE LA SEÑORA SOLO EVIDENCIAN POR SU CIEGA EXPERIENCIA POLITICA, SIN CON ELLAS PUESTAS NO VE NI LO QUE TIENE EN FRENTE, SI SE LAS QUITA EL CAOS HARIA DE SU VIDA UNA NUEVA FILOSOFIA POLITICA. ESPERO AYER TODO ESTUVIERA DE SU AGRADO, ARROZ SIN TROPEZONES INCLUIDO,UN SALUDO, CONFIRMO MI COMENTARIO QUE AYER REALICE, ES USTED UNA EMINENCIA.
    UN SALUDO DON JOSE ANTONIO

  7. Sr. Jukes “desde cuando la hipocresía, la estupidez, la vanidad y un largo etcétera no son esencialmente humanas”: es verdad, tiene usted razón, pero déjeme decirle que es humano también el condenarlas y el aspirara a que los que nos gobiernan no lo sean tanto. Por otra parte también queda el derecho al pataleo, que si nos lo quita ya no sé lo que nos queda.
    Besos a todos.

  8. Gracias , don Prof, por la puntualización. Lo de los reponsables de la cicuta no lo sabía…pero si hubiera pensado lo hubiera comprendido. Por otro lado los rifables eran cuatro gatos convenientemente seleccionados.

  9. Comparto sus palabras Dª Marta, pero me interesa más comprender el porqué el personal actúa como actúa que no estar juzgándolo constantemente como si estuviéramos por encima del bien y del mal. Reivindico la naturaleza del ser humano tanto en sus virtudes como en sus defectos. Hartito estoy de los D. y Dª Perfectos-as que pululan por el mundo que presumen de estar vacunados de todo.
    Besos para Vd. también.

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