Estamos más que acostumbrados a la grosería pura y dura que los políticos gastan entre sí. Tanto que acaba resultándonos ingenuo y una pizca conmovedor ver al coordinador andaluz de IU justificándose ante el juez por haber comentado el caso de las facturas falsas de Baena aludiendo al alcalde como dueño del cortijo, como campero de su coto de caza y, de paso, invitando al PSOE a “limpiar su casa”. Lo que llevamos oído en estos últimos años no es para repetirlo, porque aquí se ha acusado a pelo de ladrón, de enchufista o de prevaricador al más pintado, y hasta se ha dado el caso –archivado por la Justicia, curiosamente—de que un alcalde capitalino ha sido acusado en falso (pues ya se conocía la verdad den enredo) por un mequetrefe de la oposición de pulirse el dinero público llamando a líneas calientes en busca de “mulatitas cachondas”. Aquí se puede decir de todo y nunca ocurre nada, quizá porque cierto prurito extremado confunde la libertad de expresión y el derecho a la crítica política con la facultad de arrojar sobre el adversario impunemente cuanta más basura, mejor. No ocurre lo mismo en otros países, como en esa Portugal –tan educada, tan respetuosa—donde el gesto de mostrarle los cuernos a un adversario de la oposición ha precipitado antier el cese fulminante de todo un ministro de Economía e Innovación, Manuel Pinho, a manos de un indignado presidente Sócrates que incluso ha pedido luego público perdón al ofendido. Ya ven, todavía hay países en que hacerle la higa o simularle unos cuernos al rival político le puede costar el cargo y quizá la carrera política al desaprensivo. Lo que faltaba ya en nuestros hemiciclos –en el portugués,  por cierto, la traductora para sordos gesticulaba perpleja en el momento del suceso—era la introducción del lenguaje no verbal para enriquecer la panoplia de insultos. ¿Qué todo se andará? Pues quizá.

 

Del gesto de Sócrates en ese Debate de la Nación deberían aprender aquí muchos alabarderos que confunden la política con la riña y la legítima controversia con la agresión. No lo harán, probablemente, entre otras cosas porque, como va dicho, España disfruta hoy del mayor grado de lenidad imaginable en materia de injurias y calumnias, más por lo que concierne a los políticos que por lo que se refiere a los medios de comunicación. Aquí se ha dicho en un pleno del Congreso que el jefe de la Oposición era un “mariposón” y nadie ha movido un dedo, con ello se dice todo. Y sin gracia ninguna, que es lo peor. Porque todavía en las cortes republicanas había ‘ángel’. Un día cualquiera un diputado adversario espetó a Gil Robles, insinuando, posiblemente, algo parecido a lo del “mariposeo”: “Al fin y al cabo, todos sabemos que su Señoría duerme en camisón”. A lo que aquel líder pre/profascista contestó impertérrito y fulmíneo: “¡Qué barbaridad, qué indiscreta es la esposa de su Señoría!”. ¿Lo ven? Incluso en el rebuzno cabe, si media el talento, su cuota de gracia.

9 Comentarios

  1. Como si no tuvieran bastante con la lengua, ahora con las manos. Nuestros políticos se superan cada día en estos “trabajos” sectarios y fanáticos, irrespetuosos con los demás. La distancia respecto de la gente es ya más que preocupante pero no se le puede al ciudadano que respeta a esta pandilla de groseros inútiles, excepciones aparte.

  2. La grosería es un recurso de la ignorancia. Estos políticos son tan simplones y bastos porque son unos indocumentados. ¿Cuántos entre bellos merecen un respeto por su formación y preparación? Muy pocos. Por eso se agrran a lo que pueden, y la palabra gruesa, el insulto, el improperio, es lo que más a mano tiene un ignoranmte forzado por las circunstancias a actuar en la vida pública.

  3. Muy de acuerdo estoy con doña Clara, y con la intencióin de don ja de mostrar un gesto digno en un país extranjero, por cierto que inconcebible aquí en estas circunstancias. Una pena la degradación, pero el corte del portugués demuestra que no todo está perdido. Muchos de estos bocaflojas se lo opensarían dos veces si estuvieran bajo la autoridad de un jefe con sentido d ela dignidad como Sócrates.

  4. No sabemos donde está la linde entre la expresión libre y la injuria. ¿No es un delito de injuria llamar a un señor “mariposón”, palabra vque connota y denota un sentido incuestionable? Pues ya ven que aquí no ocurre nada por cometerlo. Nuestra Justicia ja ha llevado más allá de lo prudente la libertad de insultar, como en el caso del alaclde al que se refiere jagm, que no es otro que el de Huelva, don Pedro Rodríguez.

  5. (Antes de que se me olvide expreso aquí mi bienvenida a mi don Juan Lanas, que ayer puso por escrito lo que tantos pensamos. ¿Cuarenta años y esa capacidad sintáctica? Me temo que habrá que repensar muchas cosas que hemos escrito sobre educación.)

    Y nuestro Anfitrión dice sin despeinarse que ‘España disfruta hoy del mayor grado de lenidad‘. ¿Y de cuántas más cosas somos adalides, ya que no despuntamos en la creación de empleo, en el informe PISA, ni en la formalidad o seriedad de algunos tribunales, que ando pensando en la presteza del Constitucional? Pues como ejemplo, baste decir que en la concentración de chocarrería, exhibicionismo y mal gusto -con la excusa de apertura, je, je y tolerancia- que en este fin de semana se desarrolla en ese barrio que ustedes saben de Madrid.

  6. Genial lo de Gil Robles (aunque me ha extrañado lo de “pre/profascista”). Muchos de los que hoy se gana la vida tan descasada en ese oficio corrompido se merecían tener un Gil Robles enfrente a la hora de tirar de injurias y ofensas. ¿No es osible que tengamos un país civilizado?

  7. Sí, me ha divertido mucho, imagino que como a la mayoría de nuestro casino, esa anécdota preciosa. Lo lamentable es, señor Estuario, que mantengamos tanta distancia con un npaís modesto como Portugal, que nos gana por la mano en educación y en sentido del honor. Qué menos que una amonestación al srñor diputado (raso) Guerra cuando insultó de aeualla manera a Rajoy. Pues ni una palabra de la “presidencia amiga”. Ahora si le dice usted maricón a un maricón (o sea, lo mismo que entre sí se dicen familiarmente los maricones), ah, entonces se arma la de San Quintín. Hemos penalizado socialmente el lenguaje pero hemos legitimado la injuria. Haga cada cual sus cuentas, pero a mí no me salen.

  8. Pues sí, las injurias con gracia tienen su picante y hay días en que pienso que es mejor que se insulten en el hemisciclo antes que venga el pueblo a las manos. Pero lo de calumniar, nunca.
    La respuesta de Gil Robles, divertidísima. Lo de su señoría cae fenómeno. ¿Se siguen llamando así en España los diputados?
    Besos a todos.

  9. Seriedad política y responsabilidad para con el cargo debira ser una exigencia a la hora de jurarlo.

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