Un juez sevillano –36 años de “intachable dedicación”—ha revolcado al CGPJ con una sentencia del Tribunal Supremo que considera improcedente la “orden” que le lanzó la Inspección, indiferente ante su delicada situación médica, conminándole a emitir seis sentencias en un mes. ¡Ya era hora! Cuando González avisó del peligro que suponía la “judicialización de la política” no faltó quien le significara el que sin duda supone la “politización de la Justicia”, esa lacra que ha resultado clave en el deterioro de esta democracia. Pero, en todo caso, forzar a los jueces a ejercer a destajo, demuestra una insensibilidad que, al servicio del poder político de turno, conduce sin remedio a la injusticia. Enhorabuena a ese magistrado que ha puesto su pica en el Flandes del desmadre que estamos viviendo.

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