El hombre más cercano al exgobernador de California, Arnold Schwarzenegger, ha sugerido a la revista Newsweek que “Terminator” tiene hoy aspiraciones a alcanzar la presidencia de la Unión Europea. No se trata sólo de una simple broma, como han tratado de retrucar en su reacción los responsables de nuestro combatido proyecto continental, pues el pretendiente, a pesar de su decaída popularidad, ha conseguido un cierto prestigio político como gobernador –haciendo de California, por ejemplo y según dicen, un área pionera en desarrollo sostenible—que cuentan que haría posible incluso su viejo sueño de intentar, al menos, seguir la huellas de Reagan hacia la presidencia, de no faltarle el requisito inexcusable de haber nacido dentro de los EEUU, que es, como se sabe, condición para todo presidenciable. Son para leídas las razones expuestas por su agente, centradas básicamente en la circunstancia –obvia, por otra parte—de la mínima estatura política de quienes hasta ahora ha presidido la Unión y, en especial, del actual titular Van Rompuy, cuya insignificancia pública se subraya en contraste con la imagen que se supone que podría aportar “míster Universo” a la causa europeísta. Bien, así están las cosas en Europa, después de todo, porque es evidente que si a un ignorante como ése se le ocurre aspirar a presidirla es –aparte de cuanto en la ilusión pueda haber de disparate– a causa de la debilidad institucional de un estado supranacional integrado por veintisiete naciones que aspira a compartir la hegemonía mundial antes de poner orden en su cocina y adquirir, al menos, una mínima capacidad de influencia a la hora de participar en las graves decisiones de alcance mundial. La imagen de Europa, en especial tras el fiasco de su Estatuto y las tensiones internas provocadas por la crisis, es de lo menos convincente y es ahí donde hay que buscar la razón de esta elocuente anécdota y no en la mera idiocia del pretendiente.

 

Cuesta imaginar una ocurrencia semejante mientras el continente estuvo en manos de otras generaciones de políticos con proyección mundial y sobrada nombradía. Es hoy, cuando las estructuras continentales crujen y la cara visible del histórico proyecto es una oscura burocracia, cuando un espontáneo puede tener la idea y la tentación de constituirse en salvador de esa patria de muchos en la que nadie reconoce sus rasgos. Van Rompuy recitando en su gabinete poemas japoneses y relajándose en el baño turco de la gran música del pasado, constituye una invitación al espíritu aventurero que funciona tan bien en la democracia hollywoodense. Yo creo que a quien cuestiona este caso no es a Schwarzenegger sino a Rompuy, por no hablar del resto de esa tropa.

3 Comentarios

  1. ! Qué magnífico eslogan” !Terminator Presi! si no fuera porque haría el juego de los USA….!
    Besos a todos

  2. Cosas iguales y peores se han visto. Echen una mirada a África, a O. Medio, por aquí a nuestro alrededor incluso. Es el coste de la democracia. No olviden que antes que Terminator, Reagan ya lo consiguió.

  3. Estas cosas americanas no hay que tomralas al pie de la letra, sino como ocurrencias de gente que carece de la formación y capacidad adecuadas: En este caso, un asesor/publicitario del Gobernador, que demuestra no tener la menor idea de lo que es Europa. Respecto del éxito de Scwarzz. como gobernador de California aquí hay diversas opiniones, aunque es cierto que su popularidad era grande cuando se lae agotó el tiempo.

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