No tiene sentido el cabreo de la Junta cuando los expertos hacen números sobre la pobreza en Andalucía. Y no lo tiene porque no sólo existe esa pobreza ya casi estructural entre nosotros que sitúa a uno de cada cuatro andaluces por debajo del salario mínimo interprofesional, sino que está siendo imprescindible a las organizaciones benéficas –Cáritas, Cruz Roja…– volcarse en una ayuda que empieza por darle de comer a viejos y nuevos pobres antes de echarles una mano en sus deudas inaplazables. Hasta Unicaja ha decidido echar la suya repartiendo “cheques-menú” entre las familias arruinadas por la crisis. Pero más allá de eso, ni que decir tiene que este es ya un problema social que exige una intervención política.

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