Rumores para todos los gustos a propósito de la crisis. Uno de ellos, al parecer ilocalizable en su origen, ha hecho desplomarse a la Bolsa al anunciar malos presagios, de momento infundados, sobre nuestro crédito real. La “prensa amiga” desdramatizaba ayer al tiempo que desde el FMI el propio DSK alertaba del peligro de contagio, mientras en Grecia el pueblo soberano –no sé si el “demos” o el “laos”—se echaba a la calle protestando de que los paganos de los errores políticos (y económicos) hayan de ser siempre los mismos: quienes no tuvieron arte ni parte en el negocio. Hay, sin embargo, un indicio positivo y se ha producido en el mundo de las subastas de arte, en el que los marchantes acaban de anunciar el fin de la crisis, al tiempo que, para demostrarlo, elevaban la puja por un Picasso en el ambón de Christie’s al récord de 106’4 millones de dólares, por encima, pues, del suyo propio y del que Giacometti consiguió, siquiera a título póstumo, en febrero, aunque lejos todavía de los 140 millones por los que se adjudicó el famoso Pollock hace cuatro años. En fin, que no sabemos, que no tenemos ni idea de la realidad de los hechos, pues unos oyen lejano el eco de las trompetas apocalípticas, mientras que otros dan por zanjado el cataclismo. El tiempo de las crisis es discontinuo y no se distribuye de una manera homogénea. No tienen más que ver que mientras en Christie’s se vuelve  a la millonada, en las calles de Atenas se monta el pifostio y España gime en las colas del paro tanto como en el parquet. Estos desastres que organizan los de arriba los pagan los de abajo y los de enmedio. Las crisis montan en burra a unos cuantos privilegiados que, nada más superar la cuarentena forzosa, se lanzan de nuevo a enriquecer su pinacoteca y a repintar el yate. Ya ven, se recurre a bajar sueldos y pensiones bajo mínimos al tiempo que se rompe el techo de las lujosas subastas. Sin pobres no habría ricos.

 

Habría que volver a leer “El gran dinero”, aquel diagnóstico moral clarividente con que Dos Passos explica la crisis del 29 en función del fracaso moral y de la connivencia de los eternos ventajistas con la burbuja que la causó. O detenerse ante “Tiempos modernos”, ese chaplinesco paisaje de desdicha de los de abajo que estos días se reinaugura en Grecia pero que, en buena medida, se vive también aquí y en el conjunto europeo. La malicia marxista veía en las crisis mecanismos de ajuste de la maquinaria productiva y la verdad es que nadie la ha desmentido. Ésta que nos azota, por ejemplo, ya pasó para los potentados y los subasteros, forrados en medio de la indigencia. ¿Que no habría ricos sin pobres? Pues parece más que probable.

7 Comentarios

  1. La crisis es clasista, ¿no ha dicho usted eso alguna vez? No creo que se pueda decir más con menos palabras.

  2. Curioso de verdad que para ciertos sectores la crisis haya pasado hasta el punto de permitirse volver al gasto/inversión suntuario. Lo que se está veindo en Grecia confirma que, aunque a los culpables financieros y gubernamentales de la crisis no les guste, los perdedores de ésta son los más pobres y las clases medias, a pesar de que los primeros, al menos de momento, estén siendo asistidos subsidiariamente. Lo que la crisis descubre es una vergüenza, la de que todo el tinglado social y económico que creemos libre y democrático funciona sobre una injusticia radical.

  3. Siempre con las citas a cuesta, que pesado eres tío. No te has enterado tampoco de que el paro ha bajado este mes? Mala baba.

  4. Yo diría que la filosofía básica de la columna se resume hoy en esa frase tremenda, “Sin pobres no habría ricos”, verdad tan brillantes que resulta casi tautológica pero de la que nadie quiere acordarse, empezando por la llamada o autollamada “izquierda”. Esta crisis está demostrando muchas cosas y una de ellas puede que termine siendo la de reavivar la evidencia citada, tal como está ocurriendo en Grecia estos días.

  5. Después de ver las escenas de Grecia creo que sobran elucubraciones. Voy a leer esa obra que recomienda jagm pero me parece que lo más urgente es ver cómo nos quitamos de encima la losa que nos aplasta. Los griegos no se la quitaron a tempo y ahí los tienen ahora.

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