En España los entierros de literatos han sido siempre ocasión memorable y, con frecuencia, cargada de sentido político. Ahí está el de Larra, con Zorrilla cogiendo la ocasión al vuelo para derramar unos ripios sobre su tumba, o el de Ortega, a mediados de los 50, convertido en una manifa criptorevolucionaria mientras la censura ordenaba que cada periódico podría publicar un máximo de tres artículos sobre el filósofo, una biografía y dos comentarios, siempre que se resaltaran en ellos sus “errores religiosos”. Ni un año se llevó Ortega con don Pío Baroja, que por coincidir con una coyuntura agitada (dimisión de Ruiz Jiménez, atentado contra Miguel Ángel Álvarez, dimisiones de Laín y Tovar, prisión de Ridruejo) se convirtió en un extraño suceso político. Y así siempre. En el de Umbral veíamos trasantier a mucha gente, pero a más todavía resultaba inevitable echar de menos a otra en el espejismo confuso de un cortejo abarrotado de conservadores en el que no figuraba apenas una izquierda a la que el escritor perteneció siempre. ¿Cómo explicar la presencia de Rajoy frente a la ausencia de Guerra, por citar solamente una pareja de opuestos bien significada en sus columnas? Pues lo ignoro, claro está, pero el caso es que de la despedida del escritor estuvo ausente al completo lo que queda de la izquierda, mientras que la derecha acudió en pleno, curiosa circunstancia que lo que prueba, a mi modo de ver, es el subido precio que por la independencia ha de pagarse entre nosotros incluso después de la muerte o, por decirlo en clave menos cauta, el auge imparable del sectarismo que acaso no es más que la inevitable consecuencia de la experiencia partitocrática. Mejor, pensándolo bien. Los caballos emplumados de la carroza fúnebre de Tierno debieron oír durante aquel entierro multitudinario lo que no está en los escritos.

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Confieso que lo que personalmente me hubiera sorprendido hubiera sido lo contrario, esto es, un sepelio del escritor desprovisto de marca política, reflejando en negro sobre el espejo patrio la silueta unánime de una estimativa atenida sólo a principios objetivos. Y más en un momento en el que Rosa Díez entrega su rojo carné como quien se deshace de una cédula de esclavo, o en el que en Francia se anda produciendo una auténtica desbandada desde el PSF (no digo “socialismo”, entre otras cosas, porque desde dentro se piensa ya en cambiar ese término por “izquierda” a secas) hacia la acera de enfrente, que incluye ya a desde Michel Rocard o Bernard Kouchner, a Jack Lang, Hubert Vedrine, J.-P. Jouyet y unos cuantos más. Había más voluntarismo o ingenuidad, al parecer, en las identificaciones que en vida hizo el propio Umbral del socialismo ‘auténtico’, y muy pocas posibilidades, en todo caso, de que desde ese ámbito celoso y burocratizado –profesional– se entendiera por derecho su crítica diaria de las cosas de España, incluidas las políticas. Pero en definitiva, lo que ilustra la fotofija del entierro de Umbral es el atraso psíquico de un progresismo institucional para el que no existe nada que no encaje enteramente en el molde partidista y menos si escapa o se resiste a su férula disciplinaria. Lo malo para el país es que con ello no es Umbral, por supuesto, quien pierde una seña política sino la izquierda la que pierde un escritor señero, la democracia la que se ve privada de una oración fúnebre pronunciada en nombre de todos por un improbable Tucídides, el futuro imperfecto de esta política defectiva que habremos de conjugar desde ahora con un sujeto menos. El que ha estado al quite ha sido el PP –el de Mariano, como Umbral decía, no el de Fraga– que ha posado sin competencia, para las historias de la cultura, en esa foto funeral, ocupando su sitio y el ajeno a pesar de que el honrado fue quien inventó lo de la “derechona”. Hace tiempo que la izquierda está en todas partes menos donde debe estar.

17 Comentarios

  1. Es verdad, la izquierda se destroza a sí misma. Hay indicios de que la derceha se ha percatado y va a aprovechar esa debilidad. Con este asunto ha ganado un santo para sus altares, la izquiera lo ha perdido.

  2. Que a Paco Umbral le negaran el sillón en la Academia es la prueba evidente , si es que a los brutos no les entra-, de que personajes como el tránfuga por excelencia Juan Luís Cebrián se apoderaran del sillón con la letra V.
    Claro que de los hermanos Goytisolo, cogieron al más apesebrado de ellos,…al inútil del Luís.

  3. Ayer el jefe con Kepa Aulestia en sus Charlas de Punta Umbría. Verdades como puños, emoción entre la gente. Esta mañana ha muerto un amigo suyo por lo que le envío un abrazo. No tengo humor para comentar esta columna tan justiciera como significativa, porque dice muchas cosas sobre la izquierda cainita de este país que conviene tener presente.

  4. No me explico por qué ese Abate renegado tiene cara para aparecer tan tranquilo en este casino después de decir lo que ayer dijo de jagm. Ni por qué éste se lo consiente: una cosa es lrespetar a libertad de expresión y otra resignarse a que cualquier merluzo te ponga de chupa de dómine sin más título que su ingenua suficiencia.

  5. Interesante recrodatorio de aquellos entierros, más todavía la tesis de que aquí los entierros literarios se politizan. La ausencia de Guerra es, desde luego, llamativa por no decir otra cosa. Pero no hay bque olvidar que la mayoría de esos, incluido el mentaod, son grandes cobarde: incluso con pocas posibilidades de que el fotógrafo lo enfoque, Guerra no se mueve tratando de no quedar fuera de la foto. Por otra parte, Umbral tiene quízá lo que su ambigüedad merece. Seguro que no faltaron a ese entierro las pititas y las Fierro que le enviaban bufandas aduladoras.

  6. (Abate: ¡memo!)
    No me he extralado de estas ausencias. Hace mucho calor, la gente está en la playa y los que no están siempre podrán decir que estaban. Pero a Umbral ¿le hacía alguna falta esa despedida? Si hubieran portado por al´lí –todos con las preceptivas gafas negras de duelo– habría sido, una vez más para salir, ¡otra vez más!, en las fotos.

  7. Umbral no ha podido con Puerta. Hubio una representaicón política mucho más nutrida en las honras del joven jugador malogrado queen el sepelio del gran escritor.

  8. La verdad, amadísimo jefe, no me interesan lo más mínimo estos actos sociales, cuya última y más refinada versión es el entierro “en la intimidad”… con bandera, banda y música.

  9. Voy a permitirme una vez más, dentro de mi enciclpédica ignorancia, discrepar con algo de la columna y hoy en concreto, con la semántica utilizada por el Anfitrión. Hace ya un puñado de años le comenté que en su “Antología de frases de la derecha”, me había resultado duro y difícil seguir el ensayo que allí plasmó acerca de qué cosa sea la izquierda. Nada extraño por supuesto, dado que bajo mi barnicillo cultureta, en cuanto se rasca un poco aparece el corcho del alcornoque que soy.

    Hoy nombra repetidas veces a ‘la izquierda’: “… no figuraba apenas una izquierda a la que el escritor perteneció siempre…”; “…lo que queda de la izquierda…”. Incluso ese vagoroso concepto “… un progrsismo institucional…”.

    ¿De verdad piensan ustedes que se le pueda llamar izquierda a este populismo vergonzante, que tiene hoy como uno de sus referentes al amigo de Slim, también conocido como míster X, o a un Guerra que ya era cobarde años antes de morirse Franco, que dio el cante la famosa noche del 23F -dicen que uno de los calzoncillos enfangados del cubo de la basura eran los suyos-, que no la pía haga lo que haga el señôrîto, o a un Bonito que por chupar sillón se envaina lo que haga falta?

    La derecha sí es derecha, aunque se avergüence de ello y se ponga motecillos como centrista o moderna, pero la izquierda dejó de existir hace tiempo. En este país no existe la izquierda. Los que algún día nos pudiéramos considerar como tales nos refugiamos en otros términos menos corrompidos. ¿O no?

    (Envío. A mi bienamado don Elitróforo: creo expresar el sentir del total de la peña si le expreso nuestra alegría por volverle a tener entre nosotros. No se nos venda caro ahora y prodíguese en la recuperación del tiempo de ausencia. Esperamos que en el viaje le haya ido bonito. Con un castísimo beso para la señora Griyo).

  10. Primero:Me apunto al último párrafo de Miss Lechuza. Don Eli ¿qué pasa, cómo vos tan callado?

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    Segundo: Con respecto a don Abate no comprendo
    por qué, si tanto discrepa, sigue interesado en este blog. Ayer creí haber mal entendido su prosa y parece ser que, por desgracia, sí que la había comprendido.

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    Tercero: Efectivamente, por aquí parece que grandes figuras del socialismo han sido fichadas por el señor presidente. Como dice Sarko”¿por qué Francia tendría que privarse de talentos, si éstos son de izquierda?” Se puede ver la cosa así, pero la mayoría lo ve como un intento inteligente de decapitar el partido socialista…que efectivamente hoy, de socialista ,tiene muy poco.

    Finalmente ¿alguién me puede decir qué es el socialismo? Porque parece ser que cada cual tiene SU definición , que no casa con la del socialista de al lado.Y otra cosa más dificil aun: un nombre de socialista español vivo digno de ese epíteto.
    Pero tranquilos: !aquí pasa exactamente lo mismo!

  11. Siempre fue así, mi doña Sicard, especialmente en su país: hubo casi tantos socialismos como socialistas. Pero ¿acaso no ocuure otro tanto con los demás ismos? La operación de Sarko hay que apuntarla tanto a su talento como a la desocmposición del PSF. Hace pocos días monsieur Valls, a quien seguro que usted conoce mejor que el resto, decía que estaba pensando en proponer el cambio de la denomicaicón “socialismo” por la de “izquierda”. En cuanto al libro de jagm, que conozco, no creo de justicia acusarlo de oscuro.

  12. No creo que sea tan difícil entender que el jefe haya habladod e izquierdas y derechas sin más, aunque él suele decir –con cierta impertinencia– “pseudoizquierda” o “sedicente izquierda”. No hace falta que se recuerde que el PSOE nunca fue, en realidad, una izquierda profunda, aunque en el periodo republicano acabara perdido en el dédalo radical. Y en fin, de miedos no hablemos: el miedo es libre, doña Lechuza, seguro que lo ha experimentado alguna vez.

  13. No saquen de quicio el tema propuesto, que no es otro que la inconsistencia de nuestros partidos y la confusa escenificación de nuestra democracia. Umbral era “de izquierdas” en el sentido corriente y, por supuesto, gastado, de la expresión, pero lo era. Sus muchos y desmesurados elogios de Guerra en nombre de un presunto “socialismo auténtico” juistifican que se eche de menos a ese actor meiocre que logró engañar a fondo al propio Umbral, entre tantos.

  14. Que hayamos pasado del entierro de Ortega al de Umbral lo dice todo: ese es el estado de nuestra cultura. EL Mundo reprodujo el día de la noticia los juicios de Umbral sobre escritores, entre ellos el muy estúpido de Baroja como escritor “al que no le interesaba el mundo ni el mundo se interesaba por él”. ¿No habría que decirle a él otro tanto, si no hubiera sido por l montaje mediátido de esta cultureta?

  15. No se trata de que Sarko haya fichado a esa pléyade sino de que el PSF sufre una crisis que no resiste más. Ver a Rocard colaborando con los “herederos de De Gaulle”, como alguien los ha llamado, es definitivo en todo caso. En España puede pasar tres cuartos de lo mismo a poco que se pierda un poco más el prurito y el complejo conceptual del que atnto se ha beneficiado la izquierda.
    (Para doña Lechuza: verdaderamente “progresismo institucional” no puede aceptars emás que en las claves irónicas a que gm nos tiene habituados, pero, mire, yo he entendido lo que quería decir).

  16. Creo que en la coincidencia de las muertes de Umbral y el futbolista, que le ha robado casi todo el progaonismo, empequeñeciendo la previsible movida, hay como una ironía de la Historia con ese personaje que hizo de la desmesura y el autoelogio una técnica de mercado como otra cualquiera, porque al margen de su indudable calidad, lo cierto es que sólo en un país como el nuestro se tragaría con actitudes como la suya. Hay en España muchos sabios profundos, muchos escritores de calidad, que no pueden compararse ni de lejos –en fama y nombradía– a la de este personaje singular que tan bien supo conocer y manejar a su pueblo.

  17. 23:42
    Sí, querido ja: Al pan pan y al vino vino.
    Me atrevo a predecir que en su entierro, mucho después del mío, ocurrirá lo mismo.

    Doña Lechuza y doña Sicard me sobrestiman. Gracias mil.

    Doña Sicard nos pregunta en que consiste el socialismo. Allá va:
    Socialismo en España es una agrupación inmensa de socios listos.

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