El juicio de Marbella está convirtiendo al Tribunal en un plató de esos en que la telebasura desgrana la indignidad friqui. Esposas ofendidas y vengativas, leyendas de bolsas o sobres con dinero negro, crónica de la opulencia en que vivieron, a costa del erario público, muchos de esos personajillos y, por si faltaba algo, una tonadillera de tronío haciendo de “la Otra, la Otra”, discreta pero en sesión continua. Por una vez, sin embargo, el morbo es superado por la evidencia de un saqueo sin precedentes que tendría que ser sancionado con una rigurosidad proporcionada al miserable espectáculo que parece un programa más de la zahúrda televisiva. Tantos españoles en apuros a causa de la crisis deberían ser oídos en estas exhibiciones mangantes en las que nadie, pero es que nadie, devuelve un duro.

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