Hoy 1 de Febrero, coincidiendo con la Semana Europea de la Energía Sostenible, esta mitad del planeta que habitamos debería quedar a oscuras siguiendo la iniciativa “Cinco minutos de tregua para la Tierra” que han lanzado importantes organizaciones conservacionistas preocupadas con el cambio climático. Sólo durante cinco minutos, bien entendido, justo entre las 19’55 y las 20 horas, trescientos segundos testimoniales durante los cuales deberán permanecer apagadas las luces, tapadas las cacerolas y suspendido cualquier flujo de energía, de modo que quien nos contemple desde el espacio sideral nos vea como un mundo demediado, la mitad de un esmeralda brillante bajo la luz del sol y la otra como una sombra opalina y fantasmal al servicio de una buena causa. La Asociación de Amigos de la Tierra ha organizado desde Francia un auténtico revuelo internáutico a pesar del cual los resultados del voluntarioso apagón se prevén sólo discretos incluso en vísperas de que nos largue su informe, previsiblemente desconsolador, sobre el recalentamiento de la atmósfera,  el Grupo Intergubernamental de Expertos para la Evolución del Clima (GIEC). Creen los expertos que la ciudad alegre y confiada no está lo suficientemente dispuesta a colaborar porque le falta información adecuada y por eso reclaman a los políticos un esfuerzo por plantearse algo tan extraño, por lo general, a su oficio como son los objetivos a largo plazo, al tiempo que tratan de enganchar a la ciudadanía en un proyecto común que, por ahora, no sólo no involucra sino que ni siquiera es compartido por la mayoría. No es mala metáfora ese planeta girando en su órbita con el ojo luminoso guiñado a las estrellas, pero mucho me temo que la experiencia sirva de poco. Disculpen el pesimismo, pero doy por supuesto que el animal humano no aprende más que a golpes, y eso cuando por fin logra entender.
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Demasiada gente no cree en el vehemente aviso de los expertos y no descarto que este rechazo se deba, siquiera en parte, a una cierta reacción “anti-eco”, como dirían los franceses, un cierre frente al empacho conservacionista que viven las sociedades desarrolladas. Un amigo historiador me invocaba hace días el estudio de Emmanuel Le Roy Ladurie –aquel ministro de Pétain que luego fue “resistente”, comunista y, por fin, independiente: no está mal la derrota—sobre “Historia del clima después del año 1.000” en el que el sabio historiador se esforzaba en probar la continuidad básica del comportamiento atmosférico, y otro me recordó que las series meteorológicas de los colonizadores mineros de Riotinto corroboraban igualmente la constancia básica del humor celeste. Doy por hecho, pues, que la jornada de ahorro simbólico de esta tarde no pasará de ser una experiencia minoritaria de la que apenas se enterarán, no digo ya los exploradores alienígenas que seguramente nos vigilan ojo avizor, sino el propio vecino del adosado que tal vez mantenga a tope sus luminarias domésticas mientras brama el televisor y rugen los “splits” con sus bombas de calor. No es fácil persuadir al animal humano de la condición contingente de lo real y menos si el intento persuasivo se hace desde la perspectiva ética, y quizá esa resistencia no sea sino un protector natural sobrepuesto providencialmente a la fragilidad de nuestra estimativa. Otra cosa será si las predicciones resultan certeras –vamos a ver, por ejemplo, con qué nos salen esta vez los expertos del GIEC—y, en efecto, los veranos se alargan en el Polo mientras el telediario sigue ofreciéndonos imágenes de bañistas gallegos y vascos, con el agua por los corvejones, en plena temporada del perdigón. El hombre es un animal metafísico que vive, en mucho mayor medida de la que suele creer, aferrado a esa fe, no sabemos si ilusoria, en la consistencia de lo real. De momento lo que no se puede negar porque está a la vista es el anacrónico top-less del telediario.

7 Comentarios

  1. 11:05
    Ciertamente somos una especie suicida.

    Lo de la subida de las aguas del mar sólo afectará a una parte de la población, mayoritaria por cierto, de este planeta, pero el calentamiento global es una bomba de tiempo, absolutamente imparable sin el esfuerzo común de todas las naciones de la Tierra, que exterminará a TODA la Humanidad, probablemente en vida de la mayoría de los niños que están naciendo ahora.

    Les recomiendo la lectura de un pequeño cuento (sólo dos páginas de un libro de bolsillo), “Asnos estúpidos”

    http://www.bauleros.org/asnos_asimov.html

    de Isaac Asimov, y les aseguro que el popular divulgador se quedó corto.

  2. Muchas de las movidas de esta tropa, ecofeminopacifistas a la violeta, -muchos de ellos en nómina y sin despreciar potentes coches blindados que beben como cosacos y aires acondicionados de chaqueta en verano y manguita corta en invierno- son puritito fuego artificial. De acuerdo.

    Pero una servidora, hoy de ocho menos diez a ocho y cinco, con diez minutillos de propina, va a desconectar el interruptor general de la dacha. No comparto el catatrosfismo de mi bienamado don Elitróforo, pero sí es cierto que esto, el viejo planeta azul, se va a ir a hacer gárgaras más bien pronto que tarde.

    Que se inaugure el calendario del 2050 o no, es algo que me la suda mayormente. Para entonces ni siquiera polvo enamorado será esta vieja alocada. Pero que le cuenten a las economías emergentes, de la parte de la península indostánica, o de la estepa rusa -buenos mantecados- o del gigante amarillo, total casi tres mil millones de seres humanos de nada, el cuentecillo de los CFC o de los vertidos contaminantes. Si se ponen de acuerdo para soltar la carcajada eso sí que sería un estallido sonoro que haría tambalearse al planetilla. Nos ha merengao.

  3. Trataré de hacer apagón esta noche, pero no sé si lo conseguiré.

    Bonito el cuento de Isaac Asimov, don Griyo. Gracias por la lectura

    Desde luego es éste un tema a la vez candente y desesperante porque sin solución: efectivamente ¿comó explicar a todos los países en vías de desarrollo que tienen que ir restringiendo la producción,encarecerla para proteger el planeta, con el mal ejemplo que hemos dado y el que seguimos dando? Il faut du culot!No hay que tener verguenza. Empecemos por restrinjirnos nosotros, que les llevamos ventaja, pero creo que según dicen algunos, ya no hay tiempo….a menos, a menos que el universo, mucho más sabio que nosotros, se regule por si solo, luego de unos cuantos años de zozobra.

  4. 13:46
    El Universo no es sabio, doña Sicard, el Universo sólo se rige por las leyes de la física que no se las salta ni dios (con minúscula para no herir sentimientos religiosos).

  5. “Que somos tres duros falsos, Copita, que no nos quieren en ninguna parte” (“Currito de la Cruz”.- 1948 ó 49, ya muerto Manolete. Creo que de Luis Lucia, quién si no, con Pepín Martín Vázquez, un Toni Leblanc imberbe).

    Aquí, somos tres falsas moneas, mi doña Sicard, mi fiel don Griyo y esta monaguilla. Rectifico, de ‘falsas’ nada. Ya me gustaría a mí, que en días de soledad y abatimiento, tres fieles como nosotros permanecieran manteniendo la lamparilla encendida.

    Muá y muá, dos besazos para ustedes, mi querida Marta y Pepe. Por supuesto que para el Jefe otros dos. Muá y muá.

  6. Inclñuyame en su bolsa judaica, ahora que Judas está de moda, pero sí que es raro: saca nuestro Jefe un tema que casi nadie trata en la prensa española (lo he comprobado en la medida de mis posibilidades) y ni le contestamos. Quiero pensar que nuestro blog cosmopolita ha estado pendiente de esta contecimiento que tiene su importancia, no lo dude nadie, a pesar de los escépticos. Hasta el sr. Griyo debería tomar nota de la resolución de los sabios del GIEC.

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