Leyendo el espectacular informe de Antonio R. Vega sobre el espectacular plagio de la “juez sustituta”, Dra. Núñez, recuerdo la frase (creo que era de Giraudoux) que me enseñó un día la gran Santiago Amón y que decía, más o menos, que, al fin y al cabo, del plagio cuelgan todas las literaturas que conocemos, menos la original, pero que és, ¡encima!, nos era aún desconocida. Bueno, la juez que devana el “caso ERE” parece, según la máquina debeladora, que plagió su tesis a la bestia, algo que no puede extrañar en un país donde demostradamente lo mismo han hecho el presidente del Gobierno y el del Senado. ¡Ay, la ruina de Internet! Era difícil sospechar siquiera que tanta información –y tan benéfica– podría acabar con la probidad de la cultura. Pero así ha sido, por lo visto.

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