En la del circo de los ERE aparecerán esta semana los dos Presidentes imputados. Un número delicado que exigiría, tanto a los protagonistas como a los espectadores y sin olvidar al director de pista, la máxima discreción, anulando cualquier tentación de juicio paralelo. Aquellos que anhelan lo peor para esos dirigentes no parecen darse cuenta del auténtico crac que un veredicto duro supondría para nuestra democracia, pero lo propio ocurre a los manteros que pretenden enterrar el caso. Esta función ha sido, desde el comienzo, no poco difícil para los trapecistas, más benigna de la cuenta para los payasos y en exceso complaciente con los prestidigitadores. Ojalá que el Tribunal actúe con templanza y que el público guarde un respetuoso silencio. ¡Peligra la vida del artista! Y los artistas, sin comerlo ni beberlo, resulta que somos todos.

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