Ha propuesto Griñán en el consistorio celebrado en Sevilla una campaña limpia, discreta y respetuosa –“sin crispación”, dice él- pero a renglón seguido le ha endilgado al rival uno de los ataques más duros posibles, más llamativo todavía dada su condición poco estridente y su habitual moderantismo. Pero ¿cómo osan proponer una política educada y sensata quienes no hacen otra cosa que atizar el fuego de las discrepancias cómo si en el mundo no hubiera otra receta para convivir en público? Claro que si lo que Griñán reclama es silencio sobre lo que está ocurriendo, que es muy grave, ni su reclamo va a tener eco en el rival ni por su parte va a tener mucho margen de defensa. La política se ha convertido en una pelea a cara de perro y eso no se corrige con dos buenas palabras.

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