Otra mina inviable que es comprada por una multinacional atenta al loro, otro proyecto misterioso que llega con la mano enguantada sin dejar traslucir quién lo maneja ni mostrar las garantías que deben exigírsele. La minería en crisis está siendo relanzada por la subida del precio del cobre y ahí están esos compradores sin rostro reapareciendo, como siempre, sin que sepamos quiénes son, si hay alguien tras ellos, si lo que se proponen es factible o arriesgado y, si en definitiva, los nuevos compradores son los mismos de siempre o son otros distintos. Las Administraciones, sobre todo la Junta, deberían extremar el celo –aunque es bien probable que para ella las operaciones referidas no tengan secretos—y alumbrar ese escenario en el que todo indica que vuelve a representarse la antigua farsa, quien sabe si con gorilas incluidos. Los únicos que permanece hoy como ayer al margen de ese futuro son los trabajadores. Una gran paradoja teniendo en cuenta que tanto la caída como esta resurrección se produce a la sombra de una mayoría absoluta que se dice socialista obrera.

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