El proyecto de unos Estados Unidos de Europa no resiste la comparación con el modelo americano. No ha habido voluntad aquí, al menos después de los padres fundadores, de constituir una federación fuerte y unida, capaz de garantizar su acción mancomunada tanto en la política interna como en la exterior, y a ello se debe la inestabilidad que la UE muestra ante cualquier dificultad mayor. El derrotero que lleva la crisis económica actual lo demostraría, desde luego, en la medida en que cuestiona la realidad de esa moneda única que con tanta fuerza inició su andadura, y que ahora parece tambalearse, no sólo porque algunos de sus miembros estén con un pie en la quiebra, sino por el simple hecho de que la mera reaparición en público de un oportunista y presunto delincuente múltiple como Berlusconi eche abajo la “presidencia técnica” de Monti, impuesta por Bruselas, y deje en el alero nuestra dañada moneda común. Europa ha sido durante siglos un campo de Agramante en el que muchos de los países que la constituyen se han destrozado mutuamente con una ferocidad responsable de la frágil unidad compuesta a base de tratados tardíos, aparte de que no han acabado de asumir una noción común de “soberanía”, susceptibles en todo momento con cuanto modificara su realidad tradicional. Si la idea de Europa que subyace en este proyecto se debe al ansia de paz sentida por muchos de los beligerantes, la realidad es que nunca ha logrado sobrepasar la raya del acuerdo financiero para constituir una realidad nueva. En América fue necesaria tal vez la elevada temperatura de una guerra atroz, la de Secesión, para acabar de fundir los territorios en una unidad superior. Aquí la verdad es que la atrocidad de tantas guerras no ha dado de sí más que un importante pero quebradizo acuerdo mercantil.

Se oyen voces profetizando que, de consumarse la aventura de Berlusconi, es posible que España resulte beneficiada al pasar Italia al primer plano de las preocupaciones de la Unión, lo cual, de ser cierto, vendría a confirmar que este gigante en ciernes tiene los pies de barro, cuyo único nexo real, el euro, no dejaría de acusar los posibles efectos devastadores provocados por la incertidumbre que provoca un desacreditado aventurero que tiene pendiente varias causas con la Justicia y hasta una grave condena recurrida. Cuando pase esta crisis habrá que reconstruir el sueño continental, tan débil hoy como para depender de un chisgarabís cualquiera.

5 Comentarios

  1. La UE es ahora mismo un holding en manos de Alemania. Los pequeños y medianos quedamos al margen. Pero no olvidar que esta crisis es del Sistema capotalista o de mercado y opera a nivel mundial. No culpemos en solitario a Europa ni a Alemania. Miremos hacia atrás, hacia Adam Smith, aquel sabio ingenuo.

  2. Europa es un sueño, buenas intenciones y negocio de unos cuantos. No obstante no pierde uno la esperanza de verla cristalizar un día no lejano, y que nuestros hijos y nietos la disfruten. Europa es la civilización durante dos mil años. Ahora debe mantener su puesto de guardia para que no nos destroce la barbarie.

  3. No tenemos unanimidad hoy. Hay quienes defienden la Europa real, la que existe y está ahí, y quienes suscribimos el pesimismo de jagm. Lo que no se puede negar es que Erropa está débil y ni siquiera sabe en manos de quién.

  4. Son dos proyectos muy diferentes, quedido ja, gentes muy distintas, intereses muy diversos. Esta Unión fraguó, como dice, tras la hecatombe bélica de la Secesión; la otra no ha hecho más que empezar a hablar de dinero. Pero ha garantizado unas relaciones prolongadas en paz entre sus miembros y es el embrión de muchas posibilidades futuras. No nos desanimemos. Desde aquí quizás se ve con mayor claridad.

  5. Coincido con Miller, como en tantas cosas, y también con la subyacente queja del columnista sobre la ocasión perdida. Europa ha podido agenciarse un puesto pensando en el mundo que viene (China, India, México, Brasil, EEUU…) y en lugar de eso se ha enredado en los restos de su ideología soberanista, ésa que tanta sangre ha costado a lo largo de la Historia.

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