Con celeridad impropia de tan pequeño caso, el sindicato UGT me aludió ayer en su web disconforme con mi Tercio de Varas. Aparte de incluirme gratuitamente en la “extrema derecha”, su protesta se queja de mi opinión –que el tenor literal con que va expresada, acaso impropio, no convierte en injuria—sobre el conocido asunto del presunto mal uso que el sindicato hizo del dinero de los cursos de formación por mano de dos de sus secretarios generales y otros empleados, 40 millones de euros cuya devolución le exige ahora la Justicia. ¡Extraño lamento en un país en el que cualquiera llama “ladrón” impunemente al Jefe del Estado o “asesino” a un presidente del Gobierno! Puede estar segura UGT de que mi respeto es tan firme como mi criterio, y de que éste no discrepa del suyo más que en lo mismo que de él discrepan también los jueces.

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