Nada extraña el “escrache” perpetrado ayer en torno al Parlamento por el tándem Gordillo-Cañamero: al fin y a al cabo, ésa es casi su profesión. Más extrañaba antier ver a una consejera de la Junta y al portavoz del PSOE desgañitándose, por puro rencor partidista, en el insulto a la Cámara al que ambos pertenecen. Uno sabía que la pérdida del Poder puede provocar paranoia; lo que ignoraba es que pudiera provocar también esquizofrenia. Porque esquizofrénica resulta, además de lamentablemente antidemocrática, ésa actitud doble que, perdidos los estribos por su debacle electoral, viene manifestando una formación de tan dilatada experiencia institucional como el PSOE andaluz. Cuesta imaginarse a los socialistas clásicos rodeando un Parlamento. Los de la cosecha del 82 seguro que se avergonzarán ante semejante dislate.

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