Un juez chileno acaba de ordenar la apertura de diligencias contra 120 antiguos agentes de la DINA, la feroz policía política creada a raíz del golpe y a la que se atribuye la desaparición de al menos 3.000 ciudadanos en los calabozos de la dictadura. No quiere el juez, como muchos chilenos, que se olvide el crimen de lesa patria y menos todavía que aquellos sayones continúen cobrando su sueldo como si estuvieran en activo, no es difícil imaginar por qué. Hasta ahora la democracia chilena había permitido empapelar a los jefes de de aquella tenebrosa mafia pero dejando fuera a “las pequeñas manos” que fueron las ejecutoras directas de la masacre y de las torturas, la canalla entusiasta que secuestraba de madrugada, sometía los detenidos a torturas indecibles y, finalmente, los ejecutaba y hacía desaparecer. Me parece que el esfuerzo chileno por sancionar los desmanes del pinochetismo no se ha valorado adecuadamente fuera de Chile, donde nada menos que diez jueces trabajan dedicados a esa tarea con la ayuda de una brigada policial desde hace casi un decenio, lo que no deja de resultar razonable teniendo en cuenta que de los 3.000 desaparecidos apenas han sido localizados unos cientos, y que son precisamente esos innominados verdugos los que custodian el secreto de la infamia. También el tribunal que auspiciado por la ONU investiga la inmensa matanza de los djémeres rojos en Camboya ha decidido ahora incluir en sus pesquisas, además de los responsables máximos –como ese famoso “Douch” juzgado por el asesinato de 15.000 personas en la prisión de Tuol Sleng–, a los verdugos de rango inferior que hicieron posible la matanza, arrebatados, en general, por un vesánico entusiasmo. Sólo que, en Camboya, el Mal no ha desaparecido ni se ha ocultado del todo hasta el punto de que el Gobierno, del que forman parte muchos de los viejos “cuadros”, mantiene con la comunidad internacional un duro pulso para evitar que se haga justicia. Las tiranías nunca se volatilizan sino que permanecen en el ambiente infectando con su presencia la libertad conquistada.

Nada tiene que ver la depuración de responsabilidades con el prurito vindicativo. Hoy sabemos que, salvadas las distancias, crueldades bárbaras se perpetraron, aparte de las nazis, no sólo en el gulag soviético sino en los campos de exterminio de Tito o en los ajustes de cuenta internos de la propia Resistencia antifascista en Italia o en Francia. Pero la culpa propia no puede eximirse pareándola con otras ni la Justicia cerrar los ojos cuando tiene delante hechos probados que merecen su mano de hierro. La Justicia en la Historia es siempre relativa y, con frecuencia, parcial, lo que no la exime de intentar su misión. Aparte de que no hay justicia tardía en casos como los comentados, en los que los artífices del crimen ostentan con descaro su impunidad. Nada tiene que ver la venganza con la justicia si ésta es posible. Sólo los cómplices y los mismos carniceros se opondrán a esa evidencia moral.

6 Comentarios

  1. No sé por qué llama «pequeños» a esos gigantescos criminales, se lo digo con toda franqueza, lo que no supone negar que los que conciben, hacen posible y ordenan los crímines sean considerados mayúsculos. De todos modos, no guarden demasiadas esperanzas, porque la experiencia prueba que, en la mayoría de las ocasiones, éstos quedan impunes. Ahí tienen a Videla o al «negro» Massera, tan tranquilos en su casa y hasta con escoltas. Vamos a ver si poco a poco el mundo establece el rpincipio de que el que la hace, la paga, pero no me sobra confianza.

  2. Cuidado, jefe, que le van a decir los de la memoria histórica que discrimina usted entre casos y casos… Yo no creo, de verdad, porque una cosa es castigar a los culpables presentes (¡hasta en la nómina!) y otra reabrir tumbas enterradas por los años. Me ha gustado la intención de su artículo. Y por supuesto me sumo a ella.

  3. Me ha pisado los terrenos, mi don Nemo. Inmediatamente me he acordado de los chicos de la memoria histórica. ¿Cuántos verdugos quedan vivos, incluyendo al Cárrigan de la guerrita incivil? Poquitos aunque algunos.

    Otra cosa son los herederos. Ya sabemos que el rico o ha robado, o robó su padre o robó su abuelo. Sin embargo no se puede estigmatizar con la huella de Caín a todo el que lleva un determinado ADN. Que alguno, en los últimos treinta años ya ha hecho méritos para… ehem, mejor me callo.

  4. Me conforta una vez más comprobar que nuestro amigo reparte con las dos manos, de m odo que junto a los ultras chilenos, grandísimos criminales (y aún lamento el trato que les dio cierta Iglesia), aparecen en su cuadro también los masacradores camboyanos. La historia de ese Douch, que tive ocasión de leer alguna vez creo que fue en el Corriere, resulta espeluznante. Estas frecuentes incursiones censoras en terrenos de la maldad humana son bistas aquí, generalmente, desde la perspectiva del Mal con mayñúscula que es como, en plan Hanna Arendt lo escribe ja. Ojalá estos avisos no cayeran al margen del camino ni entre piedras o espinos.

  5. No m,e gusta este plan del revisionismo. Demasiadas discusiones sobre un hecho básico terrible, que mejor no meneallo. Hay problemas pendienets, realidades ocultas, pues claro, pero dudo de que –fuera de las consabidas grapas ideológicas– toda persona adulta europea normal sabe hoy qué ocurrió, quién lo hizo y por qué. Por ambas partes. Que Stalin fue un asesino y un diablo de la política internacional, no es dudoso, pero no me gusta emborronar el recuerdo metiendo por medio su figura: basta con mirar los hechos y los personajes, para entender lo básico del conflicto. Además, no sólo Stalin debería ser cuestionado, si se piensa en lo que hicieron los aliados, los ingleses sobre todo, sobre una Alemania civil masacrada, o lo que supusieron las bombas atómicas lanzadas sobre Japón. Lo que se celebra es el comienzo de una guerra que, felizmente, ganaron «los buenos» como se ha dicho, a pesar de todo. Carece de sentido enredar esa madeja fuera de esa conclusión básica.

  6. Desalmados , donde realmente no pagan los organizadores de las tramas, siempre terminan dando la cara los cabezas de turcos.

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