Nada tan interesante hasta ahora en los fastos del bicentenario de la Independencia, en mi criterio, como el descubrimiento del rey José I –el ‘Pepe Botella’ de la plebe y la propaganda ultra– expuesto en una biografía de primer orden por el profesor Moreno Alonso. No es fácil nunca ese género, la biografía, y menos en épocas y situaciones como la napoleónica, de tan singular complejidad y tan notoria estatura de sus personajes, y nunca tanto como después de la intensa y secular propaganda que ha logrado ocultar a la cultura española el auténtico perfil de ese interesante personaje y el alcance de su proyecto español. Tiene bastante de stendhaliano el plan de Moreno Alonso de descubrir pieza a pieza el puzzle soterrado a conciencia del protagonista de un acontecimiento que bien pudo cambiar el signo de la vida española, forzando el giro ‘ilustrado’ de la vida nacional, un proyecto modernizador que chocó con la galerna emocional provocada por el rechazo al ambicioso expansionismo del sueño imperial francés. La aproximación psicológica al rey impuesto, la significativa adhesión de tantas y tan destacadas cabezas españolas, los afrancesados, la constelación de episodios ajenos convergentes en esa causa, la gravedad del error imperial y la ceguera de un tradicionalismo exacerbado, mostrado todo ello en el contexto de aquella irrepetible coyuntura, son teselas que van componiendo a lo largo de nuestra biografía un sorprendente mosaico en el que vemos sucumbir una excelente razón histórica al ‘pathos’ de un patriotismo instintivo, galdosiano y salvaje. Aquel rey podría haber enderezado una larga decadencia pero, como tantas veces, la oportunidad perdió la partida.

Me conformaría si de esta conmemoración tan oficialista saliera al menos la rehabilitación de ciertas verdades que ya insinuó con trazo sombrío el genio de Goya, y entre ellas la de un José I, abstemio por cierto, que trató –tras resistirse en un principio a aceptar la corona– de crear una suerte de nuevo orden abierto al futuro y no enganchado al pretérito. Moreno Alonso muestra por qué no pudo ser, cómo las tumultuosas circunstancias enredaron el plan hasta imposibilitarlo a pesar de los augustos apoyos con que contó, qué acentos diferenciaban a ese rey de su hermano el Emperador, y de qué oscura manera se fraguó al resistencia en el marco del nacimiento de una nación. Impresionante la figura serena José, la dignidad de su exilio, el mérito de sus gestiones y su postrero descubrimiento de la democracia profunda en el exilio americano. El bicentenario podría desmontar mucho tópico por encima y por debajo de la sombra monstruosa de Napoleón y sus dragones.

20 Comentarios

  1. Moreno Alonso pone en evidencia, una vez más, que una cosa es la memoria (que funciona sobre recuerdo/olvido) y otra la historia (que lo hace sobre verdad/mentira). La intelegencia emocional nos permite olvidar; la racional nos permite acercarnos a la verdad, rescatando los hechos del olvido. Mi enhorabuena y felicitación al colega y agradecimiento a nuestro anfitrión por darlo a conocer.

  2. ¿También vamos a tener que estdiar de nuevo la Historia de España? Me sorprende que en todos estos decenios nadie, niungún historiador, haya roto una lanza por ese Rey Intruso al que el pueblo odió hasta echarlo. ¿Por qué voy a creer la tesis de un señor y no la tendencia de toda la historiografía?

  3. Bien hecho, hay que dar relieve a nuestros investigadores. ¿Sabemn que Moreno Alonmso no es todavía catedrático porque sus celosos colegas, ágrafos la mayoría, siente celo de su nutrida producción? Pues sépanlo para agaradecrele más a jagm esta publicidad desinteresada que el gra n lector que él es le hace a un historiador de mérito.

  4. Habrá que leer esa biografía, porque lo cierto es que siempre me intrgió la aventura de ese hombre y su suerte tan dura. Entre tanto, me quedo con lo que dice la columna, atenta siempre a hacer justicia allí donde tenga oportunidad.

  5. Como sufrida docente hago una pregunta: ¿por qu´ñe gusta tanto la novela histórica, la biografia histórica, mientras nadie quiere estudiar Historia? Lo he comprobado en la práctica docente y en la vida pero no tengo ni idea de qué puede explicar ese fenómeno.

  6. Nunca olvidaré aquellas horas de “combates por la Historia” en las que nos hablaba sobre Lucien Febvre, Marc Bloch, I. Berlin, B. Russell,…y tantos otros, aunque siempre me quedaré con el primer día en el que D. Manuel intentó transmitir a sus alumnos el amor por la lectura; cómo al libro hay que dejarlo que nos hable antes de abrirlo y nosotros a él, despertando su misterio, su mística,…, vamos de lo que no queda, salvo honrosas excepciones, en estos tiempos de la tecnología del conocimiento de quita y pon, y de la depauperada y mercantilizada universidad nuestra.
    Decía ayer un casinero que España no se puede comparar a sus científicos, filósofos y literatos con los honrosos casos de otros países. Nuestra triste historia, como el comment de hoy cuenta, es que rezuma de atavismos mal digeridos que nos condena a un destino de oportunidades fallidas, y así nos irá siempre en nuestra esquizoide piel de toro.
    (Estimado Anfi, hoy me pongo a sus pies cual limaco miserable).

  7. Me alegro de la novedad. Recuedo el libro de Artola y algún atisbo más, pero es verdad que sobre esa figura histórica ha reinado la oscuridad por razones mítico-patrióticas. Bienvenida una revisión correcta y documentada del personaje y su significación en una época tan difícil y en la que está el arranque de la España contemporánea. Lo de Pepe Botella o lo del Rey Pepino era demasiado obvio, de todas maneras, en este país legendario y fabulador.

  8. Lo que no es ninguna novedad es que ese hermano mayor del Nap. fue un buen rey en Nápoles, antes de venir a España. Ni que lo que se opuso terminantemente a él, ese patriotismo plebeyo y de sacristía, no era más que el segundo rechazo a la Ilustración. Me interesa, sin embargo, esta biografía, por venir avalada por usted y porque nunca las tuive todas conmigo respecto a ese personaje ultrajado, a quien respetaban, en efecto, muchos intelectuales y buenas cabezas españolas.

  9. Nada más leer la columna he ido a comprar –sin surte– el libro comentado y recomendado en ella. Seguro que responde a lo que anuncia jagm, un crítico poco blando, por decirlo con suavidad, que sabe Historia por un tubo, como consta en este blog hace mucho. Seguiré buscándolo.

  10. Les honra este reconocimeinto tardío, porque sinn negar la atrocidad, muchjas veces gratuita, que supuso mla ocupación de España por Napoléon, está claro que implicaba un proyecto de modernización del país que no supo comprender un pueblo instigado por determinados sectores sociales influyentes, aparte de injuriado sin necesidad por una soberbia injustificable. También yo leeré esa biografía, que viene sumarse a alguna otra aparecida, al menos en Francia, hace tiempo.

  11. Tal es el desconcimiento en las aulas que más de una vez he tenido ocasión de comprobar que ni alumnos ni profes eran capaces de recordar cuantas dinastías habían reinado en españa. La napoleónica, aunque breve muy importante a mi modo de ver las cosas, no sale casi nunca de boca del alumno, menos casi que la de los Saboyas.

  12. Incluso coin leyenda (negra), sabemos hace tiempo que el rey José lo intentó a fondo, que tuvo excelentes ministros y colaboradores, así como que lo que se oponía a su proyecto europeizante era el tradicionalismo más rancio, un tradicionalismo de curas y frailes, de barberos y servilones fernandinos, un patriotismo terruñero en definitiva. Sin la falta de tacto del Emperador otro gallo podría havber cantado y por lo que tengo leído, José fue siempre de esta misma opinión, a pesar de su fidelidad a su hermano.

  13. Me alegra este artículo, que rinde justicia a un rey que quiso pero no pudo. No pensaba yo que esta reabilitación me cojería viva, tan grande es el desdén, por no decir el odio, con el cual se le trata generalmente en España.
    Compraré la biografía en cuanto pueda.
    Comprendo a don Desconcertado y me puedo poner en su sitio: a veces uno se pregunta de quien se puede uno fiar.
    Besos a todos.

  14. Intentaré contestarle a Dª Clara expresándole mi parecer. Escribí no hace mucho (sin éxito respecto a su publicación) un artículo que comenzaba diciendo que si la gente prefiriera que le dijeran la verdad, ganarían más los científicos que los futbolistas. No es que los futbolistas mientan sino que entretienen, cosa que un científico raramente hace.

    Si lo que venimos denominando Historia (con mayúscula, a falta de una palabra castellana como la inglesa History, opuesta a Story) buscase siempre la verdad (con minúscula, o sea una verdad científica, opuesta a la mentira) no le interesaría a tanta gente, por la misma razón que no le interesan los científicos.

    Creo que por ahí va la cosa. Pero vaya Ud. a saber.

  15. Ya era hora que alguien rompiera una lanza por unode los tantos personajes que el “populacho” ha denigrado hasta la saciedad, fruto de su ignorancia manipulada, expandida y propagada por frailes, caciques y terratenientes durante cientos de años.

    El ilustre hijo de Utrera, -ótra víctima más del olvido-, traductor de Voltaire, actor y testigo de la Revolución Francesa del cual llevo mi heterónimo, lo agradece.

    Difícil tarea ya que dentro de muy pocos días nada quedará del recuerdo de la columna del anfitrión del blog.

  16. Es curioso cómo del personaje se conoce tan poco -yo la primera- que, salvo el (falso) remoquete de borrachín, una servidora a quien van a perdonar su afición a epigramas y coplillas, recuerda desde una época en que leí ‘cosas’ del s. XIX, la siguiente: “la condesa bonita tiene un tintero/ donde moja la pluma José primero.” (Sua absolutio, mi don Pater). Está claro que pronto halló consuelo y desahogo al rechazo popular, con lo que además de buen rey, merecería apellidarse Borbón.

    Por curiosidad me asomo a la wiki a leer algo del hombre -una servidora no tiene presupuesto para bibliografía desde hace tiempo- y me encuentro ahí la misma coplilla aunque con métrica algo más descuidada. Y del Estatuto de Bayona, que para mí solo era un nombre un día memorizado, encuentro perlas como que reconoce la inviolabilidad del domicilio, los derechos del detenido y preso, la abolición del tormento.

    Ahora me doy cuenta cómo y por qué lo respetan las personalidades que me antecedn.

    Besos a todos.

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