El presidente Chaves acompañará hoy al ministro de Exteriores al Campo de Gibraltar para escenificar la puesta en escena de los acuerdos tomados recientemente sobre Gibraltar por las bravas y sin previo aviso. Los recibirán, sin duda, un buen puñado de pensionistas españoles que en su día trabajaron en el Peñón –todo por el voto—y es justo que así sea, pero a cambio será un gesto más entrega a la reivindicación gibraltareña que, incluso obviando sus insalvables aspectos históricos y jurídicos, suponen hoy por hoy un evidente factor de riesgo para la vida social y económica española en la medida en que ese territorio colonizado es ante todo la mayor sede de la economía negra al alcance de los españoles. El cambio de estrategia del PSOE (aún en tiempos de González se consideraba innegociable la soberanía) puede que no despierte hoy los ecos del pasado pero no cabe duda de que consolidar ese fortín negociante y paraíso fiscal constituye una irresponsabilidad de que sólo el tiempo permitirá comprobar el alcance.

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