Es una pena pero también una necesidad: hay que suscribir el Manifiesto lanzado por Savater, Carmen Iglesias y un grupo de intelectuales (ésta vez sí lo son) en defensa de los derechos de los hablantes del español… en España. También es algo inconcebible en cualquier país, por supuesto, pero los manifestantes han tenido buen cuidado de dejar claro que no se trata de “defender” a una lengua amenazada, puesto que el español es hoy un idioma pujante y en claro crecimiento, sino de defender unos derechos elementales que se ha llevado por delante la miseria localista. Hace poco se sumaba a la protesta de las múltiples plataformas existentes en la nación, la propia Universidad Autónoma de Barcelona, consciente de que sujetar la elección del profesorado al conocimiento de la lengua regional acarrearía sin remedio un grave perjuicio a la calidad de la enseñanza y al prestigio de la institución. Es verdad que el español, como tal lengua hablada, no sólo está sufriendo en esta mala coyuntura, y hasta extremos ridículos, el ataque del fanatismo regionalista, porque a ese incordio hay que añadir el estropicio que un uso exponencialmente reforzado en la sociedad medial está acarreando, en demasiadas ocasiones contando con la permisividad de la propia Real Academia, cuyo criterio abierto a la recepción de voces y expresiones nuevas ha rayado, más de una vez, en lo extravagante. Tenemos una lengua rampante fuera del país, en consecuencia, pero amenazada dentro de nuestras fronteras en ese doble frente, pero sobre todo tenemos un problema que afecta a los derechos humanos de quienes se ven discriminados por razón de su uso y es ahí, claramente, a donde apunta la protesta y reclamación de los firmantes de ese inobjetable manifiesto. En pocos aspectos se ha manifestado de modo tan nítido el fracaso social de los grandes partidos nacionales como en este ambiguo tira y afloja electoralista que ha hecho necesario manifestarse dentro de nuestra nación para que nos dejen hablar nuestro idioma.

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Insisto en que, como han subrayado sus autores y firmantes, no se trata tanto de una acción de autodefensa como de una reclamación de justicia en nombre, especialmente, de los elementos más débiles de la sociedad, y por ello lo que se pide no es una simple corrección de los actuales criterios estatutarios, sino una intervención del Parlamento que logre promover los cambios indispensables para garantizar esos derechos, modificando la Constitución y los Estatutos regionales, de manera que el Estado de Derecho sea una realidad basada en las personas y no una entelequia encapsulada en una carta regional. Las regiones bilingües que de hecho existen en España han de blindarse normativamente de manera que sean las dos lenguas las que resulten protegidas al tiempo que todos los ciudadanos, sin excepción, puedan ejercer el elemental derecho de hablar la que les plazca tanto en la vida privada como en la pública. Lo contrario es un atropello que ilustra irónicamente el chapurreo ‘galego’ de Fraga o el catalán charnego del ‘president’ Montilla, pero que perjudica gravemente a la población carente de medios para elegir. Se insiste ahora una vez más en que son los ciudadanos y no los pueblos quienes poseen derechos y en que ese Estado justo que nos hemos dado a nosotros mismos tiene por base a las personas concretas y no a los territorios o a las etnias más o menos imaginarias. Habrá que adherirse sin demora a ese documento (modestamente, uno ya lo ha hecho) no en plan defensivo, insisto, sino con la arrogante firmeza de quienes saben estar defendiendo un derecho fundamental. Por lo demás, ¿se imaginan algo similar en Francia, en Alemania, en Inglaterra? Tocqueville decía que el hombre está prácticamente entero en su lengua natal. Hombre, sin pasarse, a poco que se piense, se le ve la punta a esa buena razón.

14 Comentarios

  1. Parece que , cegados por el odio, el espíritu revanchista, la ignorancia , la cobardía y mucha demagogia, haya toda una franja de políticos dispuestos a sacrificar a España sobre el altar de un populismo chabacano e ignorante. ¿Será también porque el general Franco escribió que lo había dejado todo “atado y bien atado”, o al revés, todo esto muestra que las previsiones y los temores del general no eran errados? Actuando así, en todo caso, parece que le dan la razón a título póstumo.

  2. Ya firmé ayer, don ja, como está mandado. Me parece que esto no es –usted da razones de sobra– un acto político, sino cívico en el sentido estricto de la palabra: unma sociedad que quiere que no le arranquen la lengua.

  3. Por una vez los intelectuales han funcionado, y lleva razón el irónico columnista cuanmdo dice que “esta vez sí lo son”, es decir, que no se trata de los Ramoncines y Almodóvares de turno. Esos venderían la lengua a pesar del uso que de ella hacen continuamente para ganarse la vida.

  4. Este manifiesto es un golpe al Gobierno legítimo, una maniobra política del PP por sus militantes de carné escondido. O creen que somos tontos?

  5. ¡Una voz firme y elocuente, por una vez! El año que viene no se podrá ya elegir colegio o escuela en español enm Euskadi, en Cataluña nos exigen hablar catalán a todos menos a las estrellas del popbre Barça. Curioso: pertenezco con mis amigas a un claustro que se ha dividido en dos bandos a la hora de discutir si se firmaba o no el manifiesto: los psoeros y todos los demás. Sin comentario.

  6. Ceguera y maniqueísmo, el país roto en dos por la estretegia de un partido. No tienen más que escuchar a Sociata 2. Firmar esa exigencia es un deber y va a dejar en evidencia a un Gobierno que no piensa más que su interés.

  7. “Es una pena y también una necesiadd”, ¡cuánta razón lleva, querido ja! ¡Los españoles firmando manifiestos para que el Estado nos deje hablar en español! Es verdad que este Gobierno –me importa un rábano, el señor Sociata, salvo como prójimo– es débil. No tienen más que ver el espectáculo ridículo que está dando frente a la crisis, pero esta cuestión lingüística es la mejro prueba de su endeblez.

  8. Firmo, y conste que no me gustan los pliegos, pero es que esta es una emergencia, un Móstoles que no ven solamente quienes no quieren verlo.

  9. Negar la lengua es lo último, permitir que la secuestren unos cuantos parásitos que viven de la “diferencia”, la mayor prueba de debilidad. No sé por qué sospecho que va a ser una marea de firmantes la que acoja la iniciativa de Savater.

  10. (Con voz hueca, en plan padre de Hamlet)
    Dénme ese papel para que firme y rubrique. No hay cosa que lleve peor que que me tapen la boca.

  11. Dónde hay que firma, jefe, disponga de mí, especialmente tras leer su comentario. Es verdad, ¿quién imaginma una situación como la nuestra en esos países europeos que pretendemos son iguales al nuestro? Un Gobierno débil es un infotunio, pero si lo es hasta dejarse arrebatar el idioma es una calamidad.

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