Es cosa sabida que los políticos –todos– diseñan la gestión pública en función de sus intereses partidistas y, llegada la ocasión, incluso piden la luna, lo que no impide que, cada cual en su turno, exija al adversario imparcialidad y limpieza de manos. Ahí tienen al PP protestando porque la Junta de los ERE, Invercaria, fondos de Formación y demás, va a sacar de un decretazo la famosa Oficina contra el fraude, en lugar de presentar en la Cámara un proyecto de ley que permita su debate libre. ¡Pero, criaturas, cómo le piden al vecino que apedree su propio tejado! La Junta sabe de sobra que lo que hace es un truco y lo insólito sería que buscara de verdad la transparencia frente a la corrupción en medio de la que está cayendo. Son como niños y se creen que los niños somos nosotros.

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