Una niña de 12 años, Fawzia Abadía Youseff, menor de un familia numerosa en un pequeño pueblo yemení, ha muerto desangrada como consecuencia del parto que en su casa natal se le fue de las manos a las comadronas y por la que nada se pudo hacer en el hospital al que finalmente sería trasladada. Es la tradición, compréndanlo, es la sombra de la leyenda de los esponsales del propio Mahoma con su esposa Aïsha nada más cumplir ésta los 8 años, una leyenda que, convertida en novela, fue retirada del mercado no hace mucho por presiones de influyentes sectores islamistas. Claro que es también la pobreza extrema, la indigencia de familias para los que la carga que supone criar a una hija puede convertirse en un negocio vendiéndola en un matrimonio concertado. En Gaza, patrocinada por Hamas, se ha celebrado recientemente un bodorrio masivo en el que contrajeron nupcias 450 parejas en las que la mayoría de las “esposas” eran menores de 10 años, algunas incluso impúberes, y a la que asistió oficialmente algún alto representante de la organización que justificó la “costumbre” apelando al derecho inalienable de los varones a agenciarse el gozo y la felicidad. Es posible que el caso de Fawzia haga posible la aprobación de una norma estableciendo la edad matrimonial para las mujeres en los 17 años, como es cierto que acaba de conocerse el primer caso de divorcio conseguido a favor de una menor casada a la fuerza a los 10 años, a lo que habría contribuido bastante la difusión en Internet del conmovedor relato de Nojoud, su desdichada protagonista. Pero queda mucha tarea por delante para erradicar lo que no es sino pura y simple pederastia, todo lo tradicional que se quiera, pero pederastia. El Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer sostiene que en el mundo hay en este momento 51 millones de niñas casadas. Si esto no es un conflicto de civilizaciones que venga Dios y lo vea.

Conformes en que la tradición tiene su indiscutible peso en semejante atrocidad, pero no cabe discutir que si en pleno siglo XXI se mantiene esa lacra, la causa hay que buscarla en la pobreza generalizada, lo que quiere decir que la desnaturalización consentida incluye, además de a los insensatos pederastas, a los padres desnaturalizados por la propia necesidad. En España tenemos cada dos por tres casos de niñas enviadas por sus padres a Marruecos y otros países islámicos para contraer matrimonios concertados, es decir, para ser vendidas como esposas-esclavas, y nada demasiado diferente han señalado en Francia diversas organizaciones. Un problema de solución no fácil, seguramente, pero una niña de diez desangrada en su parto precoz no consiente excusas. La globalización impone, qué duda cabe, la inevitable homogeneización de las costumbres y la aceptación de unos mínimos morales, como diría Adorno, capaces de garantizar el fin de la barbarie. No aceptarlo no es sólo aceptar la diferencia sino hacerse cómplices de la infamia.

10 Comentarios

  1. (Aclaración al Abate por comentario de ayer: la palabra “radical”, buen hombre, se usa durante todo el XIX en el sentido ya muy alejado de raíz, su étimo. No olvide el Partido Radical y las innumerables referencias al radicalismo y los ardicales “de pensamiento”).

    Lo de hoy: sangrante, si me permiten la obviedad. Me parece del todo adecuado el uso de “pederastia” para referirse a ese tipo de relaciones, por muy entroncadas que estén las culturas de que se trate. Una niña es una niña y si hay varones que gustan de mujeres impúberes o infantiles son sencillamente pederstas. Me parece que la columna llevar razón desde ese título.

  2. Bueno, pues aplaudo la valentía del columnista ante un comentario como el de hoy.
    Toda una lección a la legión de bibianas (y asimilalbes) que pasarán a la posteridad por haber dedicado sus esfuerzos “de género” a la burocracia de cambiar los formularios oficiales para que pongan “todos y todas”, “miembros y miembras”, alumnados, etc. etc. Con la de cosas que hay que hacer…

    Sdos

  3. ma he quedado sin palabras, maestro. Menos mal que está usted para abrirnos los ojos inteligentemente. saludos

  4. ¿Alianza de civilizaciones? A cualquier cosa hemos dado en llamar civilización. O cultura.

    Pero al hilo de lo tratado hoy toco algo que me revienta las costuras desde hace mucho. Como no soy Almodóvar ni creo que muchos curas incurran hoy en pederastia como en tiempos de mayor sequía sexual, voy a por un tipo de explotación infantil que me pone como una gárgola.

    ¿Ustedes no han visto algún programa en hora de adultos -y señalo con el dedo al canal de la Pezoe andaluza, el que pagamos entre todos- en que a pobres criaturas de tres a nn años se las explota, en primer lugar por parte de unos padres que los han torturado previamente obligándolos a aprender letras de coplas que no entienden y coreografías lamentables y en segundo lugar por esa tv miserable que pagando una cena copiosa y alguna noche de hotel, rellena horas de programación exponiendo ante quien lo quiera ver el ridículo que esas pobres y atormentadas criaturas sufren?

    Aquí lo dejo porque me arde la sangre solo al recordarlo.

  5. Un asunto estremecedor y una enérgica protesta moral. Eso es pederastia lo haga quien lo haga y donde lo haga. No se trata de perspectivas morales sino de hábitos sociales primitivos, sin duda salvajes, poriginados en tiempos en que a la mujer, máquina de placer y máquina reproductora, se la ponía a “funcionar” lo antes posible. Inslcuo antes de lo posible, como se explica. Una dolorosa pena. Un insulto a la dignidad humana.

  6. Efectivamente, qué cómodo el poder arropar su vicio y su cobardía bajo el manto del profeta!
    Qué asco, qué repulsión, qué atrocidad!
    En cuanto a la costumbre de los casamientos forzados, yo mismo lo he visto, con una chica maja, alumna ideal, que vino a pedirnos que la hiciéramos repetir el curso porque en cuanto tuviera el “brevet” la iban a casar a la fuerza con su tío, un hombre rico y maduro que tenía 2 0 3 mujeres.
    Besos a todos.

  7. ¿Cómo conciliar culturas (o civilizaciones) que hacen lo descrito con la de eso que llamamos Occidente? Me aprece que srobran argumentos. Me refugio, como el Padre Cura, en la tristeza y en la pena de comprobar que este mudno es incapaz de superar la barbarie.

  8. Lo que en nuestros países pudiera ser delito, o simplemente lo es, en esos otros es una “costumbre” y, por eso mismo, un “derecho” irrenunciable. ¡Cerdos en este caso! ¡Criminales! Quienes proponen “entender” la legitimidad de esos usos “culturales” son cómplices. ni más ni menos.

  9. Hemos comentado el horroroso tema, perplejos ante la estupidez de una cultura, la nuestra, que ha decidido considerar “correcto” el contenido de cualquier otra “cultura”, incluso si es bárbaro o salvaje. Un horror. Esa niña desangrándose con 10 años y esos bestias esperando junto al viudo hartos de grifa…

  10. Horrorizada leo a última hora la columna, con esa imagen sangrienta y cruel, que bien merece la atención que la mayoría no le dedica a estas barbaridades. He tenido ocasión de convivir con niñas marroquíes “prometidas” a hombres mayores: viven en puro miedo. JAGM vincula el tema a la pobreza. ¿No sería mejor hacerlo hacia la miseria… moral de esos pueblos?

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