Se planta Vox, por lo que se ve y oye, y avisa al “Gobierno del cambio” de su intención de dejarlo caer al no apoyar su proyecto de Presupuestos. Y el PP le contesta (Ciudadanos no habla, que en boca cerrada no entran moscas) que eso equivaldría a la voladura de ese “cambio” tan ansiado como ya dudoso. ¡No se le puede dar una “patada a silla” en la que ha de sentarse el Otro (imprescindible) para negociar!, responde Vox y no le falta razón. ¿Cómo se puede tratar como indeseable a quien se pretende como socio? La pregunta (nada extremista esta vez) no deja de tener sentido: el PP está obligado a imaginar una salida razonable en este manicomio electoral. ¿Qué es difícil? ¡Pues, claro! Si fuera fácil no habría que pagarle tanto a los genios que nos gobiernan.

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