No sorprende en un Presidente como el que tiene la Cámara andaluza ese salto sin manos que acaba de dar sobre la decisión del Tribunal Constitucional para no reparar el despojo de su secretaría al PP. No sólo en Cataluña se pitorrean del más alto Tribunal de la nación: también aquí, en Andalucía se pasan por el arco sus decretos. En el fondo, el hecho no constituye ninguna novedad –¡si hablara el Diario de Sesiones!–, pero en esta circunstancia lo suyo sería apresurarse a cumplir una orden irrecurrible y, de suyo, cargada de razón. Y ni pío por parte de los demás partidos a los que la democracia interna del órgano les concierne por igual. Ellos con trincar dietas incluso a Parlamento cerrado, tienen bastante.

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