El “caso Chaves” es natural que sea pinchado, en la medida de sus posibilidades tanto por la Junta como por sus actores. No van a reconocer así como así que en torno al Presidente sus familiares han tejido un entramado de influencias como una catedral ni se les puede pedir que se traguen ese amargo veneno que los dejaría a los pies de los caballos. Pero una cosa es reconocer ese humano derecho a salvarse de la quema y otra muy diferente recurrir a paripés tan ignominiosos como el de respaldar la no responsabilidad política de un director general hermanísimo que adjudica un contrato a la empresa que “asesora” el otro y en la que trabaja su propio hijo, con el propio argumento de ésta. El “caso Chaves” lleva el mismo camino que el “caso Guerra”: degradarse a fuerza de maniobras equívocas. Lo único coherente que hasta ahora cabe registrar en su crónica es el forzoso silencio del Presidente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.