Si no es cierto más aún que si lo fuera, el alcalde de Almonte debería explicarle a su pueblo y a su partido qué está ocurriendo en esa Jauja donde los amigos y cuñados salen tan beneficiados de vistas gfordas cuando no de cambalaches, y desde luego, el PSOE debería explicarle a los ciudadanos en general, siquiera por una vez, la razón por la que sus gestores hacen cosas como las que se hacen en Almonte. Desde el primitivo lío del entorno de González (el caso “Costa Doñana”) hasta el chalé del cuñado de Bella pasando por el asombroso trueque de terrenos que ha montado en burra al amigo del alma del alcalde o los ojos cerrados ante el hotel del artista marbellero, hay demasiadas oscuridades en ese pueblo que deberían ser alumbradas a la mayor brevedad. Y hay motivos, sin ninguna duda, para reclamar una fiscalía exclusiva para vigilar el tráfico urbanístico, peor no sólo para los Ayuntamientos del PP, como anunciaba escandalosamente una minerva del partido, sino más bien para que empieza el tajo por los del PSOE.

1 Comentario

  1. Hoy la provincia de Huelva es el escaparate de la corrupción urbanística. Si el PSOE se esfuerza en acusar de lo mismo al PP es porque no tiene manera de librarse de evidencias como ésta que hoy comnenta Belmonte, o la que hace poco comentaba sobre lo de Punta Umbría, o antes de lo de Riotinto, etcétera, empezando por la cabeza del partido: que es por donde se suele pudrir el pescado. Quizá en tiempos anteriores a la “renovación” estas cosas no hubieran pasado o, al menos, no habrían pasado impunes como hoy.

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