Anda circulando por Internet un video que resultaría divertidísimo si no fuera porque trata del dramático asunto de la mentira política que ha servido durante un  tiempo para medrar electoralmente escondiendo la crisis. En él se puede ver a ZP en tres intervenciones electorales cuando todavía era posible ‘pintar como querer’ y atar con longaniza los perros de la realidad. Decir, por ejemplo, que en estos cuatro años la economía española, hoy lamentablemente en recesión, iba a crecer a un 3 por ciento, aunque matizando que sin renunciar a conseguir una tasa más elevada aún; que el panorama laboral se vería aliviado por la creación de 160.000 nuevos puestos de trabajo, cifra igualmente sujeta a la posibilidad de un venturoso aumento hasta los dos millones; que la economía española era fuerte, saludable, creadora millonaria de empleos y embalada por encima de la media europea; que viviríamos una legislatura de crecimiento imparable en materia de trabajo, de políticas sociales y de apoyo generalizado; y que, en fin, en estos cuatro años de nuestras culpas habríamos de lograr el ‘pleno empleo’. Así, sin pelos en la lengua, sin tentarse la ropa, jugando insensatamente con la ventaja del futurible inverificable frente a la realidad. Bien, no hace falta que digamos en qué se equivocaba. Se trata más bien de recordar que, o bien erraba de parte a parte, o bien mentía a sabiendas de que el embuste político no suele pagar alcabala. Hoy parece lógico pensar en el segundo supuesto y resulta no poco indignante escuchar ese discurso irresponsable y enteramente demagógico.

 

Asombra la impunidad política de nuestra vida pública, el corso de la mentira, el filibusterismo de los oportunistas, pero más que todo eso asombra la desmemoria de este pueblo y la mínima capacidad para recordar la estafa electoralista que certifica el mantenimiento de las expectativas políticas actuales. Frente a lo habitual en las democracias que exigen transparencia a toda costa, o se da por descontado que, para los políticos, la verdad es irrelevante o tal vez ocurra que para quien es irrelevante el camelo es para la opinión pública, algo que, contando con la capacidad virtual de las nuevas tecnologías resulta difícil de entender. El país en recesión y un millón de parados apenas en un año no bastan para desacreditar a un embaucador cuyas falsedades cualquiera puede ver y escuchar de nuevo sin moverse de casa. No hay otro remedio que pensar que nuestro sistema de opinión pública ha naufragado en el piélago demagógico. Puede que la crisis económica no sea sino la superficie abrupta de una profunda y sibilina crisis moral.

1 Comentario

  1. el que la hace la paga y a este gobierno que con tan malas artes ha llegado a la cuspide del poder se lo tiene merecido, por engreidos. un saludo don jose antonio

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