No cesa la crónica de las falsedades en la vida pública andaluza. El ex-casitodo marbellí, Juan Antonio Roca, dice en su descargo que las presuntas obras de arte de sus colecciones no eran más que falsificaciones; la Justicia sienta en el banquillo a los colaboradores del alcalde de Sevilla en el caso de las facturas falsas y le obliga a concretar a la oposición el lugar en que se encuentran las obras (falsas) nunca realizadas; un informe independiente descubre que el Ayuntamiento de Carboneras llevaba durante años si contabilidad en ilegibles hojas sueltas de papel; en Cádiz imputan a seis personas en el caso de los cerificados médicos falsos… No hay día en que no se descubra un pufo, un documento amañado, un truco en el inmenso papeleo de nuestra vida pública y ese es uno de los peores daños que puede infligirse a la confianza ciudadana. La sanción de esa garduña debe ser todo lo expeditiva que reclama una opinión pública progresivamente desmoralizada que ya no se fía ni de los papeles.

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