El ministro francés de Interior, Brice Hortefeux, que antes lo fuera de Inmigración, acaba de ser condenado a pagar una multa de 750 euros por un comentario, más que venial, que hizo refiriéndose a un joven de origen argelino y que, en todo caso, el tribunal aceptó que no había sido pronunciado en absoluto con la intención de ser difundido. Por su parte, al perfumista Guerlain lo andan poniendo como chupa de dómine por haber comentado, enfatizando su esfuerzo en la creación de una nueva esencia, que “había trabajado como un negro” aunque añadiera que a él no le constaba que los negros hubieran trabajado nunca tanto. Para qué más. Ha faltado tiempo  en la web para que lluevan sobra ambos personajes los más elaborados improperios, en especial sobre Gerlain a quien han llamado –desde el anonimato, claro está—colonialista, apestoso, purulento entre otras gollerías, lo que no eja de resultar previsible porque el hecho es que la susceptibilidad ha avanzado tanto en nuestras sociedades que hemos conseguido un equilibrio invertido en virtud del cual es ultraje e injuria la más mínima alusión a un carácter racial sobre cualquier sujeto con la condición de que no sea blanco: un gitano le puede decir payo a un payo sin problemas, un negro le puede decir blanco a un blanco sin inconveniente alguno, pero, ay si el calificativo recorre el camino inverso y es un payo el que llama gitano a un gitano o un blanco el que llama negro a un negro. Ya no queda rastro (al menos, estimable) de aquella mentalidad que hizo que un Renán pensara que las razas eran creaciones de la Madre Naturaleza que había hecho al chino paciente y disciplinado y al negro ideal para el cultivo de la tierra. Menos mal, porque hoy por hoy una ocurrencia de ese tipo –comparando con las sanciones que vamos conociendo en el día a día—mucho me temo que resultara temible.

 

El equívoco es la base de la falsa conciencia. Por eso creemos pasable que llamar judío a quien lo es por su sangre puede constituir un agravio, mientras que si un judío se refiere al rival por su gentilicio no suele verse en ello nada censurable y menos aún punible, como tampoco nos extraña el hecho de que esa susceptibilidad proteja sólo a tres o cuatro razas entre las 2000 existentes que Amiran Gonem describió sobre la faz de la Tierra. En Francia –un país de hondo raigón colonial—hay más racistas que en el mato pero rige la convención de que conviene crujir sin contemplaciones a quien deje entrever siquiera esa equívoca pluma. Por eso llaman delicadamente “roms” a los gitanos del Este antes de montarlos en un avión y enviarlos de vuelta a casa.

1 Comentario

  1. Exacto. Y también te puedes acordar de la madre de un bretón pero no de la deun hombre de color y un etcétera.
    Besos tardíos

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