Si poco convincente resultaron las excusas de la presidenta Díaz en el Senado ante su agresivo inquisidor, tanto o menos han de resultar para la mayoría civilizada los paños calientes ofrecidos por la cúpula del PP para desactivar la indignante bomba moral contra los rivales políticos montada por sus alevines en Internet. Lo cívico hubiera sido una sanción enérgica a los cafres que han injuriado a los rivales desde detrás de la barrera y, por supuesto, la asunción de la responsabilidad correspondiente por ese ataque bajuno que degrada antes que a nadie al atacante. Quedarse en la cataplasma propuesta por Juanma Moreno y mirar para otro lado supone aceptar ese juego encanallado al que ya, desgraciadamente, no parece extraña ninguna formación política.

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