No es fácil ni justo denunciar por las bravas el colapso efectivo en que se encuentran los servicios médicos de atención primaria. La avalancha con que han de enfrentarse en esta sexta ola mantiene inútiles, en muchos casos, incluso el angustioso primer contacto telefónico y provoca esperas realmente inasumibles que, por fortuna, alivia la condición generalmente tenue de la nueva cepa o el recurso a la privada. Lo que obliga a sus responsables a una gestión extenuante que ha de vérselas, además, con el incierto goteo de vacunas que organiza el Gobierno, y con la escasez de médicos que hoy ofrece el mercado. La pandemia ha desbordado las previsiones más exigentes. El remedio, más que nunca, exige hoy la colaboración ciudadana con el obligado remedio público.

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