El Plan E fue una improvisación, pero también una estafa. Lo explicó ayer El Mundo de Andalucía, provincia por provincia, basado en datos del Tribunal de Cuentas, hasta concluir que la ocurrencia zapateril era, en realidad, un espejismo y gran fraude. 1.400 millones de euros despilfarrados en obras innecesarias e incluso inventadas que, en ocasiones, ni siquiera beneficiaron a los parados, pero que sirvió al “régimen” para sus propagandas. Que treinta años después, la autonomía no tenga siquiera un bosquejo de inversión y tenga que improvisar el gasto, constituye toda una demostración de mala política y un grado de aventurerismo tan grave como inconsciente. ¡Y a la vista de todos! Porque lo que no se puede decir es que el PSOE se haya embozado siquiera para perpetrar semejante trapacería.

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