Duro tuvo que ser el pan servido en la mesa palaciega de San Telmo en el autoconvite del cogobierno de la Junta. Duro el trago que para Griñán debió suponer la “copresidencia” con un Valderas al que siempre despreció, y duro para Valderas posando de al lado del dueño de la “casa común” con traje de gala pero en su papel de cancerbero o de algo peor. Y en plena ruina de los administrados que acaso no hubieran soportado esa imagen de haber podido contemplarla. Las dos grandes autonomías españolas, Cataluña y Andalucía, gobernadas al alimón por dos fracasados convertidos en rehenes de dos burdos extremistas: hasta ahí hemos llegado. El precio que han de pagar es el de la humillación de los secuestrados y la descarada mamporrería de los secuestradores. Malos tiempos se avecinan para el común. Ellos continuarán devorando impasibles aunque reconcomidos sus duros aperitivos.

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