El trabajo campo, en especial el inmigrante, viene siendo problemático en Andalucía hace demasiado tiempo. Ante la indiferencia de los poderes públicos, Cáritas ha llevado en solitario el peso de ese abandono que, en ocasiones, ha ocultado acciones dramáticas cuando no ignoró inhumanidades  como la falta de agua o el alojamiento infame. Pero lo que menos necesitan esos desdichados es la demagogia de un Gobierno que publica ahora, de improviso, una imagen presuntamente esclavista del trabajo campesino. Porque ¿cómo es posible que “su” Inspección del Trabajo –o “su” Guardia Civil y hasta las policías municipales de sus propios “Ayuntamientos amigos”– hubieran ignorado semejante ignominia hasta que el olfato podemita lo descubriera? Lo que el campo necesita no es la demagogia ocasional de una ministra sino la dignidad que el Poder no ha venido ocupándose de garantizar a los braceros.

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