Los informes sobre la suerte de los profesionales del periodismo por esos mundos de Dios son concluyentes, por lo general, en que el periodismo es una profesión de riesgo. Cada año nos muestran esos informes el resumen de las violencias ejercidas sobre ellos, el número de víctimas mortales, el de secuestrados, incluso el de torturados aquí y allá, y no necesariamente en zonas de guerra. En Rusia se ha demostrado insensato llevar la contraria a Putin y a su “régimen” por más que con formas más sofisticadas que algunas utilizadas en países tercermundistas o en ciertas dictaduras bien vistas a pesar de todo. Ahora bien, no siempre la presión sobre esos profesionales se ejerce por las bravas, sino que, junto a la violencia, se abre paso el viejo procedimiento de la compra –o el alquiler, como diría González Ruano—de sus plumas y de sus voces. Lo leo en un acreditado órgano de prensa internacional que se refiere a lo que ocurre en Azerbaïdjan –“A los periodistas de oposición, se les vence, se les hace cantar o se les mata, aunque también se les compra”—a propósito del insólito regalo de un apartamento cercano a Bakú que el propio presidente, Ilham Aliev, le ha hecho a más de un centenar y medio de periodistas, ahora que las elecciones presidenciales están a un tiro de piedra. En Rumania, el debatido proyecto del Gobierno de entregar a una compañía canadiense la mayor mina de oro del mundo para que sea explotada a base de cianuro, no ha conseguido callar a una opinión pública incipiente pero sí a los grandes medios nacionales, que han silenciado con descaro los inhabituales incidentes callejeros protagonizados por grupos de oposición por lo general incompatibles entre sí. No es tan fácil intentar la coima con el periodista pero tampoco imposible, como sabemos de sobra en esta España en la que la expresión “fondo de reptiles”, ahora tan de moda, se acuñó pensando especialmente en los corruptos de ese gremio.

Eso del “cuarto poder” es una filfa aunque no quepa discutir el peso de los medios como factor decisivo a la hora de configurarse la estimativa pública. Pero la amplitud del negocio, el exponencial crecimiento del beneficio, genera un excedente con el que cada día es más fácil captar la voluntad ajena. Y fíjense en que, por supuesto a propósito, he hablado de Azerbaïdjan y de Rumanía, no porque ignore lo que aquí se perpetra sino por una elemental prudencia. No hay que olvidar que junto a la zanahoria va siempre el palo.

2 Comentarios

  1. Ay, ay, la prensa escrita, mi don Anfitrión… El fundador de Amazon compra el Washington Post; Warren Buffett, compra periódicos a contracorriente, hace tan solo unos días se zampó el diario número 28 de su colección…

    Y esta gente no da puntada sin hilo. A pesar de que se compren menos periódicos –un servidor apoquina por dos digitales de pago, a pesar de la avalancha de gratuitos– pienso que al final, a la gente común, el ordinary people, moi-même le siguen causando respeto según qué cabeceras.

  2. La prensa, la escrita y la otra, hay que tomarla avec des pincettes, es decir segun quien hable y quien haya detras. yo a veces me paso de suspicaz pero prefiero eso a creerme lo que algunos quieren hacerle creer.
    (Que guapo , mi don Epi!)
    Besos a todos.

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