Diversas y fascinadoras técnicas están permitiendo avanzar arrolladoramente hacia el pasado. Se descubre linajes, se escudriñan estirpes, se identifican restos a partir sobre todo del ADN, como acabamos de comprobar en torno a la huesa de Ramiro el Monje hoy venerado ya, con certificado de autenticidad, en su sepulcro de san Pedro el Viejo de Huesca, y de cierta parentela que creo que se arremolinaba a su alrededor. Pero las técnicas del ADN son una broma, en este sentido, comparadas con las que nuestros sabios –y digo nuestros porque hay españoles implicados en los recientes logros de Columbia—traen entre manos resucitando esas tierredoxinas que son estimadas, según leo en el Scientific American, como pertenecientes a organismos pioneros que habitaron el planeta poco después de su origen. En Internet mismo se puede rastrear la prosapia siguiendo el rastro filogenético con resultados espectaculares, pero el colmo para mí ha sido la insistencia de un amigo, que es historiador cumplido y genealogista de excepción, y que me insiste en que un tercio de los franceses, si es que no muchos más, descienden, por una o varias ramas, del mismísimo Carlomagno, el de la barba florida, aquel genio iletrado que, a su manera, inventó Europa para deshacerla luego con su herencia. Me he perdido, aunque no del todo, en el razonamiento de mi amigo, empeñado en desplegar ante mi imaginación el desarrollo exponencial de cualquier ascendencia hasta llegar al gran Emperador o, si fuera posible fijar su cronología, la del mismísimo Adán y su indiscutible ascendencia andrógina. Es la hipótesis más demótica que he conocido en mi vida, dicho sea atenido en exclusiva a la etimología. La vida y evolución de las especies nos ocultan aún muchas sorpresas, pero pocas me han inquietado tanto como ésta con que mi amigo el genealogista revuelve hasta su último fundamento la filosofía vulgar de las desigualdades castizas.

Es posible que en un plazo corto la especie deba revisar muchos apriorismos en los que ha basado durante siglos esa infinidad de certezas que tanto ha contribuido a mantenerla a flote, sin que ello garantice ni mucho menos una más certera autoimagen sobre la que fundar un orden. Imaginen a los franceses mismos si llegan a convencerse de su ascendencia carolingia y reinventan un aristocratismo invertido fluyendo de abajo arriba en lugar de hacerlo de arriba abajo, y que incluso discurriera más allá, a base de resucitar moléculas dormidas hace milenios, hasta dar con el orden fabuloso de las bacterias, las eucariotas y las arqueas. Empezamos a vislumbrar no sin cierta decepción que el problema de Roldán no era, ciertamente, el de no ser sobrino de Carlomagno.

6 Comentarios

  1. Idea original, vive Dios, la de ese amigo suyo. Mis primeras cuentas me dicen que lleva razón. Esa teoría echaría por tierra toda la “razón” aristocrática, ne cierto sentido. Una columna con mucha iga bajo de la corteza de la broma.

  2. Discusión con el profe de Mates que no acaba de tragarse el argumento de la columna. Mientras oo estudia, nosotras hemos decidido la alta posibilidad de que seamos primas hermanas descendientes de Cristina de Noruega (ésto último a elecciòn de una que es de Covarrubias…).

  3. Lógicamente, a medida que se sube en la cadena filogenética, y se entrecruzan sus ramas, estamos más cerca del origen. No de Carlomagno sino dle propio Adán, y entiéndase por Adán el origen real de la especie tal como la concibe la antropología. Me gustan estos ejercicios que nos hacen pensar.

  4. Pero ¿tenemos un origen o varios, hay “filos” único en fin de cuentas o varios? Me gustaría leer la opinión del autor sobre este punto.

  5. Tema gustoso, divertida hipótesis: parece que veo al autor con 20 años cuando lo oigo hablar en estos términos. ¿Por qué no nos doce quién es el genealogista que le ha descubierto ese secreto tan comprobable? Sería divertido que fuera uno de esos aristócratas que tan amistosamente trata nuestro viejo republicano.

  6. Yo siempre he oido eso de que todos los franceses descendemos de Enrique IV, pero pensaba que amén de la regla esa de los exponenciales era porquefrolífico de la mano izquierda si me permiten la imagen.Eso de ser descendienta del buen rey Enrique por la mano izquierda bien vale una misa!
    Besos a todos

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