¡A buenas horas sale el papa de Roma citando a Manuel Paleólogo! No puedo imaginar quien le ha proporcionado la fichita de la discordia aunque admito la posibilidad de que acaso se trate de una nota propia, tomada tal vez de la crónica de su antecesor Eugenio IV, que hubo de predicar una cruzada –aquel, sí–  a la vista de cómo se estaba poniendo el patio de turcos osmanlíes y de la pasividad de lo que luego se llamaría ‘Occidente’. Todo esto que está pasando ahora se parece bastante, por desgracia, a la circunstancia que vivió el imperio griego de Bizancio hasta su caída definitiva ante el sultán: el mismo expansionismo motivado religiosamente en el bando islámico, idéntica inhibición del otro bando, entretenido en sus particulares disputas. Manuel Paleólogo, el penúltimo de la dinastía, fue, en efecto, uno de los emperadores defraudados por ese Occidente egoistón que él mismo recorrió –por Italia, Francia e Inglaterra– con la mano tendida pero sin recibir el socorro preciso para frenar la amenaza de “el turco”, que es como se decía en la época y dirán todavía los españoles cervantinos que serán los que, por fin, se planten ante los bárbaros. La división parece el sino de Occidente, su seña de identidad más irremediable, y la que contemplamos hoy a propósito de esta “guerra santa” construida sobre una frase vieja pero actual, no es distinta de aquella que los “latinos” mantuvieron contra los “griegos”, venecianos y genoveses contra el Imperio declinante, y hasta catalanes traidores volviendo sus armas mercenarias –ay, Roger de Flor—contra un Bizancio que era, en definitiva, a pesar de las perspectivas, el último baluarte occidental. Por entonces se decía que el odio que aquel pueblo asediado –heredero de la romanidad y el mundo clásico– profesaba a los hermanos separados que se hacían llamar orgullosamente “latinos” era mayor, con toda seguridad, que el que reservaba a los propios turcos. Mala cosa, tan mala que cuando, por fin, Occidente despertó y decidió ayudar sin reservas a los asediados resultó demasiado tarde. Santa Sofía era ya una mezquita y los relieves de San Salvador in Chora habían sido martillados a conciencia por la nueva inquisición.
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Sin necesidad de compartir su evidente xenofobia cuesta no escuchar con inquietud la llamada de Oriana Fallaci ante el entreguismo occidental, pero sin dejar de reconocer la inoportunidad de Ratzinger, también cuesta no aceptar la legitimidad de su inquietud. Y en ese sentido, no está mal la elección de nuestro Paleólogo –aquel distinguido príncipe del que nuestros hijos y nietos no sabrán ya nunca nada—para ejemplificar la angustia civilizada ante el progreso imparable del fanatismo y la amenaza de la barbarie. Entre otras cosas porque hoy sabemos que lo que empieza en Bizancio acaba en Lepanto, es decir, que tarde o temprano Occidente habrá de aceptar la necesidad de frenar con decisión el designio de destruir el mundo civilizado cualquiera que sea el disfraz que adopte el destructor. Manuel Paleólogo presentía la catástrofe y parece ser que hubo de resignarse ante la irresponsabilidad de “la otra cristiandad”, demasiado entretenida en sus disparatadas estrategias y sus ambiciones económicas para descifrar con claridad su alarmado mensaje. Pero al menos a él le dieron buenas palabras sin exigirle, como a Ratzinger, que hinque la rodilla mientras los ayatollás azuzan su yihad. ¿Diálogo de civilizaciones? Ya me dirán cómo dialogar en el polvorín, en qué lengua franca entenderse con el monólogo del muecín. O cómo explicarle a la basca que lo que está ocurriendo no es más que la reposición en la cartelera de un estreno de hace cinco siglos y medio, cuando el emperador citado por este papa todavía trataba de cerrar filas ante la evidencia de la catástrofe. Uno no quiere ni pensar en Lepanto pero da ya por perdido el penúltimo bastión. Es probable que al papa le haya ocurrido lo mismo.

14 Comentarios

  1. Creo que aún lo pinta suave el Maestro. Si al borde de Occidente se afilaban entonces las cimitarras y brillaban los alfanjes de hace cinco siglos, si se armaban poderosas escuadras en el Mediterráneo mientras se rezaba cinco veces mirando a la Meca, hoy el gusano troyano no tiene que invadir ni conquistar. Ya está dentro. “Parid, parid”, parece que es el estribillo que repiten muecines e imanes barbudos a las chicas del chador, esclavas de su hombre.

    No es necesario pasar los aceros por el esmeril porque ahora basta saber pilotar un 757 o enganchar un cablecillo a una motorola semejante a la que sirve de ocio facilón a nuestros adolescentes. No. Hoy no estoy de acuerdo cuando dice el Jefe “…tarde o temprano Occidente habrá de aceptar la necesidad de frenar con decisión el designio de destruir el mundo civilizado cualquiera que sea el disfraz que adopte el destructor…” Demasiado blando ese futuro perifrástico.

    Hoy, ya, las adormecidas democracias occidentales sólo tienen –si abren los ojos, lo que dudo- que aplicar sus leyes con seriedad y sin concesiones. Si en la Seguridad Social aparecen varias esposas de un solo titular, que la ley que prohibe la poligamia caiga sobre quien sea. Si se demuestra instigación al terrorismo en una mezquita, clandestina o no, óbrese en consecuencia. Si se pisotean derechos de una mujer –ja, ja ¿no hay una ley de género, número y caso?- actúe las fiscalías con todo su rigor, sea de la fe que sea el maltratador.

    Y así sucesivamente.

  2. Eso se llama atender las peticiones del bloguero. Y hacerlo con un bagaje cultural poco común además de un criterio acertado. ¿Quién es capaz hoy de traernos por los pelos a los paleólogos y más aún de distinguir entre ellos? Gracias por la lección, ja, y por el aviso a los navegantes. No creo como doiña Epi que se trate sólo de aplicar la ley. La que prohibe la poligamia, sin ir más lejos, ya me dirá doña cómo se aplica.
    Una coilumkna espléndida.

  3. Interesante. Yo he visto esos relieves de Chora destruidos por los bárbaros, en uno de los templos más entrañables que quedan por ahí. Y comparto su confianza en que Occidente no se equivoque ahora como entonces.

  4. Ha callado ja el papel de la Iglesia en aquel pleito, que también fue poco ejemplar. Pero lo que más me ha interesado es su visión del proceso, de un proceso que empieza en Bizancio/Estambul y acaba en Lepanto. Ojalá nunca se complete. Ojalá haya milagro esta vez.

  5. Oriente islámico siempre fue agresor. no sólo en el caso que ocupa la columna de hoy. Occidente también, claro, como en las Cruzadas y, luego, en otras conquistas. Lo que no hay es rastro de diálogo posible, indicio de posibilidad de avuerdo con el fanatismo, que en una época fue mutuo, y ahora es sólo de la parte de allá. Zapatero puede decir misa, pero como se descuide no nos van a quedar iglesias donde decirlas.

  6. Gracias por hacer caso de las peticiones del “respetable”: me ha encantado el enfoque, la información y el criterio. Ya sólo falta que la historia no demuestre que usted era un ingenuo y doña Epi estaba en lo cierto. Yo no confío nada en alcanzar un entendimiento entre la civilización ilustrada y el fanatismo de El Libro, porque digan lo nque digan, Islam no es Paz, como no lo fue el Cristianismo durante siglos.

  7. He leído muchas cosas sobre el tema –no sobre Paleólogo, gran incógnita– y le reconozco encantada que me quedo con ésta. Ver que lo que viene tras la dejadez (Bizancio) es la guerra (Lepanto) es todo un reusmen magistral.

  8. Aquellos barros trajeron estos lodos. Hace unos años el pueblo servio, aquél pueblo valeroso que frenó el avance del islán en las puertas de Viena, fué humillado, dividido, y derrotado por las llamadas democracias europeas con el Gran Inquisidor Javier Solana en el puesto de mando, bombardeando Belgrado, repito..bombardeando Belgrado una ciudad deliciosamente occidental y europea.
    Yugoeslavia..los llamados eslavos del sur, fueron dispersados y divididos por los irresponsables europeos consumistas.

    Malditos sean todos aquellos que aplaudieron semejante ignominia casi en el corazón de la vieja Europa.

    Aún recuerdo las sonrisas cómplices de todos los “nacionalistas”, incluídos los de naciones grandes, -en esto eran fraternales hermanos-, como España, disfrutar como posesos con semejante villanía.

    No hay disputas teológicas, unicamente hay intereses económicos de grupos transnacionales, dispuestos a la conquista de nuevos espacios de acción, para seguir creciendo hasta el desastre final.

    Dicho lo anterior os digo que aún estoy por el Sur, concretamente en Montellano, testifico que es casi imposible romper la dependencia creada entre el pueblo andaluz y el PSOE.
    No hay crítica hacia la red de intereses entre el partido y la creación de puestos de trabajo.
    Aquí no hay oligarquías financieras ni agrícolas. Solamente hay un gran patrono que controla la mayor cantidad de asalariados: El PSOE.

  9. Es el tema tan grave y está la columna tan cargada de razones y de tristes vaticinios que no me apetece comentarla: sólo meditarla. Gracias a todos.

  10. Gracias a usted también, mi doña Sicard, por su ponderación, por sus buenas maneras, por su espíritu de concordia que deja un día y otro aquí plasmados. Hasta una media burra como servidora capta el detalle. Conste y certifico.

  11. Pingback: 10 withdrawal

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