En marzo pasado, un congreso de niños reunido en la Montaña Mágica de Medellín paralelamente al que las Reales Academias celebrarían en Cartagena de Indias, dio al mundo un manifiesto infantil en el que, “unidos por un sueño mágico de palabras locas”, incluyeron una propuesta de términos de cosecha propia entre tales como “flapigozo”  por explosión gozosa o “murmulencio” para significar el murmullo percibido en medio del silencio, pero entre los cuales destacaba uno estupendo, “lumpereza”, que pretendía expresar el perezoso síndrome laboral de los lunes. Son cosas que pasan por abandonar la lengua a la espontaneidad, muy lejos ya del origen divino de ese precioso don que se presumió durante tantos siglos, y fiarla al libre arbitrio de cualquier hablante como si no tuviéramos sobrada experiencia de que las palabras las carga el diablo y las dispara el hombre apuntando a donde mejor le parece. El maestro Covarrubias creía aún en su ‘Tesoro’ que el lenguaje fue un don enterizo que Dios hizo a la primera pareja y que como tal hubiera continuado a través de los tiempos de no ser por la dispersión que la soberbia de Babel acarreó a la especie. Fueron los “ilustrados” quienes discurrieron la necesidad de regular las lenguas, atraillarlas con las riendas del saber, fijarlas en su sentido y ortografía por mano de unos sabios a los que se les suponía saber bastante y voluntad sobrada para defender ese patrimonio inmemorial e imprescindible. Y están siendo los “postmodernos” quienes parecen empeñados en volar esa fortaleza semántica que posiblemente acabe tomada por los novadores, no al asalto, sino al paso y desfilando por los puentes que amablemente les rinden los castellanos de la Academia. Esas 5.000 voces y acepciones nuevas incorporadas al diccionario virtual de la RAE desde el año 2001, demuestran que nuestros “inmortales” no se duermen en los laureles sino que laboran a destajo en esta curiosa labor de zapa cuyos últimos logros han sido la recepción de voces y locuciones tan peregrinas como ‘subidón’, ‘paganini’ o ‘modernez’, verdaderos idiotismos sólo comparable al que aflige a sus promotores cuando legalizan el uso de expresiones beocias como “perder aceite” (por la que está condenado el exministro Corcuera, por cierto), “ir de culo”, tan antigua como prescindible en el discurso adecentado, ‘nota’ por individuo y en sentido algo despectivo, sin contar el aluvión de “virtualismos” ‘descolgados’ de Internet (incluyendo ese termino mismo), del orden de ‘maximizar’ o ‘descargar’ en el sentido que les atribuye la jerga informática. Ya es legal y autorizada la expresión “animal de bellotas”. Y la verdad es que para ello no les faltaba razón a los sabios.
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Los académicos antiguos (los de mi 7ª edición del DRAE, 1832), ciertos en que el uso era el verdadero “árbitro y juez del lenguaje”, creyeron necesario ‘fijar’ el significado de las palabras rigiéndose por la etimología y excluyendo “los nombres caprichosos… que hoy se emplean y mañana desaparecen para no volverse a oír nunca”. Y los que hicieron el impagable de “Autoridades” propusieron calificar cada voz “por limpia, pura, castiza y española”, acogidos a la autoridad del étimo y al magisterio de nuestros grandes escritores. Claro que este tipo de cosas era posible cuando esos sabios sabían latín, no desde que son elegidos con criterios tantas veces ajenos a cualquier filología y sujetos casi siempre a las políticas de unos y otros. No se busca hoy “la calidad” de las palabras ni “el modo de reducirlas a su legítimo y verdadero uso, así en lo hablado como en lo escrito” sino una arbitraria demotización del idioma que es, en realidad, una almoneda abierta a todos. Alguien propuso alguna vez desconfiar de los renovadores de la lengua porque lo que persiguen es producir con las palabras lo que no lograron con las ideas. Nunca como ahora he concordado tanto con aquel pesimista.

5 Comentarios

  1. Amigo JaGM: te ercuerdo que hay por ahí una frase que tiene mucho contenido referente a lo que tú tocas hoy.
    Se dice que “apoderáte de las palabras y serás dueño de su contenido”.

    Palabras como democracia, libertad, justicia etc. con alto contenido social, terminan prostituídas en boca de los detentadores del poder.

    Para distinguir a los numerosos grupos de personas que abogan por la traída de la República a España, el MCRC -Movimiento Ciudadano para la República Constitucional-, ha creado una nueva definición de persona partidaria de éste modelo de República: Repúblico.

    Si los conceptos de éste Movimiento se consolidan la RAE tendrá que ponerle una 4ª acepción.

  2. El desconocimiento en el uso del WordPad, vuestras críticas y mi carácter impulsivo, me llevan a tener que efectuar rectificaciones gramaticales.

    Corrección de errores: recuerdo-apodérate.

  3. En Francia los académicos trabajan mucho menos, y creo que con bastante indepencia, por eso las voces añadidas son mucho más escasas. No sé si ello tiene relación con el hecho que la lengua francesa siempre me ha parecido mucho más fija, racional y muerta que la española, mucho más casera, y viva. Para los diálogos, para escenas de calle el español sin comparación. Para descripciones de colores, de sonidos, el inglés y para análisis y menudencias el francés. Sólo ahora empiezo a admitir que no es la peor parte, que todas tienen su interés, pero me cuesta!

  4. A ver si me acuerdo: el cura oficiante –no se nos venda tan caro, mi dilecto don Páter- se dirigía al lado del Evangelio y como una postdata enunciaba las palabras inspiradas bajo el signo del águila de Patmos, ‘In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum et Deus erat Verbum’. Casi nada: en el principio, la palabra y el mismo Dios era la palabra.

    Manzana prohibida o escalada lenta y difícil según el padre Darwin, la palabra nos hacía como dioses. Tal vez no sea tan disparatado el mito de la serpiente y el primate que tardó tanto en erguirse para mirar al horizonte, recibió el Hálito que le enviaban las Alturas y nació el verbo.

    ¿Degradó Vaticano Segundo a Trento? No soy quien para atreverme pero en esos sesenta una servidora cree que, al menos en la lengua de Teresa y de don Pedro Calderón, una babel se derramó sin piedad sobre ella. La gusanera saltó a Miami, los portorriqueños de West side story esparcieron el spanglish en la capital del mundo, todo el Cono Sur vistió yins y los huesos del Chepudo con antiparras se estremecieron bajo la losa de Villanueva de los Infantes pues los conceptos se debilitaron con la confusión de la Lengua.

    Váyanse al guano los que quieren igualar la parla de Castilla, de Aragón, de Cantabria, de la Extremadura, León o Andalucía a las variantes deshilachadas por la bruma marina en el Mediterráneo o en el finibusterre. Ignoremos esa zafia construcción de antier sobre una variante apócrifa de gritos de pastores, ese batúa con el que se autorridiculizan.

    Pero qué pena, ¿quién vigila ‘ipsos custodes’? ¿Cómo se frivoliza admitiendo un ‘subidón’ que alude directamente al maligno efecto de una droga que mata a los jóvenes, por poner un solo ejemplo? ¿Va la Irreal Academia a fijar y dar esplendor a toda la germanía carcelaria? ¿No estará realizando un efecto llamada para que mismo el caló irrumpa pisando fuerte en lo que ha dejado de ser templo para convertirse en chamarilería? Me virilizo para orinar de pie sobre sus paredes.

  5. El abate Marchena nos recuerda hoy un dicho que dice, según él, así: “apoderáte de las palabras y serás dueño de su contenido”. Creo que se refiere al dicho latino de Catón el Viejo ‘rem tene, verba sequentur’ (“Domina el asunto, las palabras seguirán por sí solas”, que luego retomó Horacio con otras palabras.
    La alusión del abate Marchena es muy importante en esta vida de tanta ligereza y tanto listo tonto, porque lo que se necesita cada día más es mucha más sustancia y mucha menos forma. Todo se está haciendo ‘light’ y nadie cree en la cultura del esfuerzo y de la seriedad. ¡Qué pena!

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