Ha proclamado en público el presidente chavesiano de la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Marbella que las bajezas morales y las pasiones bajas que se publican cada día de la política no difieren gran cosa de las que, a su juicio, se producen entre los abogados o los médicos. Hombre, supongo que serán éstos quienes se den por aludidos e incluso por injuriados, pero ante todo lo que llama la atención es la asunción resignada de la corrupción que supone una afirmación como la de ese presidente designado a dedo, sin contar con que cualquier comparación con lo ocurrido en esa ciudad está probablemente destinada al fracaso. Si hasta los altos gestores públicos admiten como una especie de mal necesario la corrupción y se defienden parapetados en la generalización de esa gangrena, es evidente que nunca tendrán solución los graves desajustes morales que estamos pagando (no sólo moralmente, también en dinero contante y sonante) entre los ciudadanos que nada podemos hacer por evitarlo. Alguien debería advertir a ese personaje de la gravedad de su aserto. A ser posible alguien lejano a aquellas bajas pasiones y bajezas morales que, por lo visto, menudean por doquier. 

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