Si se trata o no de ligerezas por parte del denunciante –el vicesecretario del PA almonteño cuya casa ardió en circunstancias no aclaradas—es cosa que la Justicia por su parte, y la autoridad gubernativa por la suya, deberían averiguar sin demora por la cuenta que a todos nos trae. Porque pase que el partidismo cerril discrimine a estos “quemados” adversarios frente a otros amigos, pero lo que faltaba para el marbelleo completo era que aquí también se acabaran perdiendo los expedientes en los Juzgados. Si no es cierta la denuncia, por razones obvias, ya digo, y si lo es, por razón de más. La táctica almonteña de dejar pudrirse los problemas puede haber dado hasta ahora resultados relativamente aceptables para los señalados, pero esto ya es harina de otro costal y sombrea en el ambiente una palurda silueta mafiosilla. Hay que aclarar si es cierto o no que ese expediente se ha “perdido”. Y si lo es, tirar de la manta con todas las de la ley.

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