La democracia directa tiene sus inconvenientes. Abrirle la puerta de par en par a la opinión para que se retrate mostrando sin intermediarios sus preferencias y rechazos, mismamente, parece un ejercicio elemental de transparencia pero puede resultar una trampa de la que salga trasquilada nuestra imagen colectiva. Ahí tienen la encuesta abierta de una cadena televisiva encabezada, a gran distancia de sus competidores, por la señora Cecilia, la del adefesio del Ecce Homo de su parroquia, aunque seguida de cerca por ese zambombo coreano, el rapero Psy Gangnam. Uno admite la posibilidad de que estas respuestas populares no sean sino una demostración de sentido del humor pero, aún así, comprobar que la borjiana triplica en votos a Obama, cuadruplica al Papa o al presidente del Gobierno o deja tirados en la cuneta a Amancio Ortega, José Tomás o el jefe de la Oposición, nos fuerza a admitir que nos movemos con una estimativa pública demostradamente friqui. Ya sé que en Francia o en Italia ha habido (y hay) payasos que no han quedado mal en unas elecciones nacionales, pero una cosa es capitalizar el descontento frente a la política oponiéndole una imagen esperpéntica, y otra muy diferente el mero hecho de que la señora Cecilia se mantenga aún en el telediario o que el zote coreano esté arrasando en un país que titula a una hortera televisiva “princesa del pueblo”. La democracia es dinamita cuando se juega con ella porque pueden tener la seguridad de que estas demoscopias, por muy humorísticas que pretendan ser, no son del todo inocuas.

Que vivimos en un erial lo prueba que en un país que suspende rotundamente en Historia, la emisión televisada de una saga sobre la Reina Católica esté basando su masivo éxito en su formato folletinesco: la despreciada Historia interesa y puede que incluso apasione servida como novela por entregas, con sus buenos y sus malos, sus fieles y sus traidores, ni más ni menos que como interesó e incluso apasionó la saga de Ubrique, con la finca “Ambiciones”, el padre disoluto, la silenciosa madre, la hermana televisiva, una nuera en el banquillo y la otra en el plató. España vive un momento friqui, una edad de hierro frívola, no poco podrida por la cabeza y con el cuerpo descompuesto por el vitriolo que componen el desconcierto y la podre. El Rey no le ve ya a Cecilia ni la matrícula. Nos merecíamos un control de alcoholemia tras de cambio de rasante.

8 Comentarios

  1. Una pena pero así es. Un mamarracho auténtico. Este país está bajando a cotas inauditas y en parte a causa de la influencia de los audiovisuales, pero también de una educación pésima.

  2. A lo peor es que va a resultar usted muy finolis, es decir, muy poco celtíbero, aunque admito que lleva razón en el fondo. Defiendo que la tele de los programas que son demandados por la audiencia, joda o no a los intelectuales y finolis, pero acepto que el camino que lleva el país es el de la cloaca. No es fácil conciliar la libertad del gusto con la disciplina de lo deseable, creo que estarán conformes conmigo.

  3. Hoy se podría cumplir el dicho de Quevedo, o que se le atribuye, sobre el ruedo ibérico: “cosas veredes que de culo caeredes”. La vulgaridad es tal, que un día no seremos capaces de levantarnos de la caida.

  4. Me trae sin cuidado que mis compatriotas, a los que no he elegido, salvo un escaso número, se emporquen en los lodazales que ofrecen la mayoría de las televisoras.

    Pero ya nombra el Anfitrión la serie ‘Isabel’, que solo ver cómo eran sus trailers, hizo que no perdiera un minuto en ella. Sí me tragué el miniserial sobre la muerte de Carrero, una vez más sectario y contemporizador con los valientes gudaris.

    Esto es lo que me jode, con perdón. Que el dinerito que con fatiga pago cada minuto de impuestos y el que me soplan cada mayo, sirva para que el politiquillo de turno -estoy empezando a creer eso tan injusto de que son todos iguales- utilice “mi” televisión para “sus” deshonestos enjuagues.

  5. Estoy de acuerdo con doña Epi. Estos programas se hacen con el dinero de los impuestos que uno paga, y me da rabia participar en cosas tan bajas. Por eso no las miro. En cuanto me pongo delante de la tele es que lo que veo me revulsa.Así me protejo.
    Además estoy segura de que hay mucha propaganda indirecta, manipulación de masas, y hasta estoy convencida que si a la gente le rebajas la cultura y el gusto la puedes manejar más facilmente.
    Señores, cerrad la tele!
    Besos a todos y sobre todo, buen fin de año, de todo corazón.

  6. Ese es el estado real de nuestra opinión y mentalidad. No culpemos al medio, sino a los responsables de su uso, porque la tele, por ej., puede ser una insuperable escuela y también un lodazal. Hoy los españoles –como los italianos, los griegos y tantos otros pueblos– han aceptado una cultura de mínimos con la que se corresponde una curiosidad podrida por todo lo vulgar. La señá Cecilia es un buen símbolo de esta incuria.

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