Visto para sentencia

El juicio “Chaves contra El Mundo” acabó por fin ayer. No queda ahora más que esperar respetuosamente la sentencia tras un complejo plenario ejemplarmente dirigido, Pero ¿cuánto habrá costado a las arcas públicas, habrá calculado alguien el quebranto causado a una Administración de Justicia que no se ve las manos para atender a los casos de verdad justificados o urgentes? ¿Y el efecto desmoralizador que supone haber escuchado en los estrados tan gravísimas acusaciones a todo un Presidente y su pretorio o el escándalo vergonzoso del robo de las pruebas? Una sociedad que no se conmueva ante el robo de las pruebas que ha dado un inconfundible tono mafioso a los acontecimientos, o está en coma moral profundo o, lo que es más evidente, está muy mal informada. El Mundo se ha visto solo, que es lo suyo, en esta injusta prueba, defendiendo el fuero de todos. La inmensa mayoría de los demás se ha calificado a sí misma por acción pero, sobre todo, por omisión. Es lo normal en un “régimen”. Si hubiéramos pensado otra cosa seríamos unos ingenuos.

Se impone el ‘JB’

No sé qué hubieran pensado los socialistas históricos si se les propone “dinamizar” la vida de partido a base de copichuelas y ‘tragos largos’ en bares instalados en las propias  sedes del partido. Eso fue muy propio del franquismo más casposo –el bar de la Vieja Guardia, el del Frente de Juventudes, hasta el de la Hermandad de la Legión– pero nunca, que yo sepa, recurrió la izquierda a “fidelizar” a los suyos a base de alcohol. No nos faltaba más que llegar a ver un control de alcoholemia –ejem– en la puerta de la Casa del Pueblo una noche de elecciones, pero sin llegar a tamaño despropósito, insistamos en la impropiedad que para la imagen clásica del progresismo supone esta novedad. Desde luego, si todo lo que tiene en su mano esa izquierda para animar a sus bases es un buen trago, este cuento se ha acabado.

Males de ricos

Es frecuente escuchar que en el Tercer Mundo no existe la anorexia: lo que hay allá es hambre. No se privan de comer quienes carecen de alimentos sino aquellos que, por andar sobrados de ellos, cuestionan sus efectos y les endosan sus propios defectos reales o imaginarios. Incluso dentro de este paraíso feliz está probado que ese terrible desorden que atormenta a tantas familias se localiza entre los sectores privilegiados mientras que prácticamente se desconoce en los desfavorecidos. Toda una mitología surgida alrededor de las víctimas anoréxicas ha llegado a nimbar el fenómeno con una incierta aureola de equívoco prestigio (la “enfermedad de las modelos” la han llamado alguna vez) con el consiguiente daño, de paso que se ha hablado –tal vez sin demasiado rigor– del papel condicionante ejercido por el modelo extremo que propone una moda que ha idealizado hasta esquematizarla, en términos muchas veces inverosímiles, la silueta de la persona. Pero junto a este grave problema, común a todas las sociedades ricas, crece en ellas la preocupación por otros desórdenes entre los cuales destaca el consistente en una conducta a la que los expertos no acaban de decidirse a atribuir naturaleza patológica, y que consiste en la obsesión por reducir el alimento a tenor de un criterio higiénico estricto, de tal manera que se excluyan de la dieta todos aquellos que se juzgan perjudiciales o siquiera inconvenientes para la salud, esto es, en resumen, en la obsesión de la llamada “comida sana”, sin duda consecuencia última de una preocupación que, en su origen, no deja de tener sentido, a saber, la necesidad de evitar la ingesta de productos perjudiciales para el organismo o presuntamente contaminados por el espectro de la manipulación industrial. Desde las grasas hasta las bebidas carbónicas, desde los populares precocinados a toda materia sospechosa de contener aditivos químicos pasando por los malfamados transgénicos en general, el “ortoréxico” va desechando productos hasta reducir su dieta a una caricatura del todo insuficiente para una correcta nutrición. En el mundo pobre no hay más que hambre, en el rico, como puede comprobarse, las “maneras de mesa” son más sofisticadas.
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Hablamos ahora también de una enfermedad de “elites”, de un desorden cuyo origen es obligado relacionar con la abundancia y que, como es natural, resulta inconcebible en las vastas concentraciones de miseria que afligen a la Humanidad doliente. No hay anoréxicos ni ortoréxicos, por descontado, en los basurales del mundo pobre, allá donde se dice que muere hambriento un niño cada pocos segundos. Pero hay que decir que esa conducta, patológica o no, es feudataria, a su vez, de una mentalidad que deriva de los pruritos narcisistas con que se adorna la propuesta estética de las sociedades desarrolladas, esas “sociedades opulentas” que retrató Galbraith con mano maestra, en las que el individuo suele proyectar su autoestima sobre ideales tan exigentes como infundados. Es verdad que encontramos en el pasado ideales estéticos que implicaron regímenes alimentarios estrictos y con frecuencia insanos, bien para conseguir una opulencia que connotara salud o fertilidad, ya con el propósito de estilizar la figura humana (la femenina, en general) hasta forzar la sugestión espiritualista. Las modelos de Rubens debieron de comer opíparamente en sus días, pero las damiselas y hasta los pisaverdes románticos ayunaban y bebían vinagre para acentuar su torturado perfil hasta el punto de idealizar el flagelo de la tisis, oscuramente integrado en el canon de la elegancia. Siempre sin salirnos de la clase acomodada, nunca entre la menesterosa, claro está. La ‘ortorexia’ sería la penúltima “enfermedad de clase” que castiga a esta especie omnívora que, a costa de su misma silueta, está haciendo del ayuno voluntario un indicador de prestigio.

De peor en peor

Tampoco ha aparecido el segundo video, presuntamente (el obligado adverbio valdrá para todos, digo yo) “extraviado” en el depósito judicial, y el Consejo General del Poder Judicial ha ordenado una investigación en el laberinto que ya verán cómo no esclarece nada o bien poco. Malas noticias para la acusación y para su coro mediático que no podrán insistir en la necedad de la falsificación técnica, malas para las autoridades que tendrían que responder por la pérdida de material tan valioso, indiferentes para los periodistas de El Mundo puesto que el contenido del video es bien conocido y consta en el sumario gracias a que otro medio, significativamente no querellado, lo publicó y colgó en su web. Otro caso más concerniente a la política que habrá que cerrar medio en falso, nueva demostración de la precariedad de las garantías con que cuenta, para su trabajo, la Justicia. Y una pregunta sobre todas: ¿quién o quiénes tienen motivos y medios para robar pruebas en un juzgado? Yo que el CGPJ me centraría en esa cuestión

El pie cambiado

Que la Junta andaluza, o mejor, su Servicio Andaluz de Salud (SAS) lleva el pie cambiado respecto a la propaganda de ZP lo demuestra que el mismo día en que en la Moncloa se anuncia el “nuevo contrato del hombre con el planeta” y se coloca el compromiso ecologista en el centro de la oferta electoral, se descubre que el hospital de Riotinto vierte sus aguas residuales al río Tinto sin molestarse siquiera en arreglar la avería causante del desastre por considerarlo no necesario. De manera que el enclave mimado de los científicos –ay, Pérez Mercader– convertido en cloaca, pero no en una cualquiera sino en el albañal de un centro cuyos residuos, lógicamente, deben de ser de lo menos deseables. Un asco. ZP debería ser informado por sus paladines ecologistas de estas barbaridades que perpetran sus propias Administraciones aunque las sufran los ciudadanos de a pie.

Se hace saber

Llaman de por ahí, de los Madriles más que nada, en demanda de noticias sobre la inconcebible historia del jodío juicio. Son colegas que quieren noticias, desconfiados de que la desacreditada unanimidad de los medios “adictos” cuenten la verdad, toda la verdad y solamente la verdad, estupefactos ante un juicio en el que todo un Presidente de la autonomía ha de soportar, como quien no quiere la cosa, la tremenda pregunta sobre su eventual participación en los manejos de una subastera, que si no es lo último que puede escucharse en esta vida pública tan degradada, poco le faltará para serlo. Que si Sicilia, que si la camorra napolitana… No tengo la menor idea de quién habrá asesorado al presidente Chaves pero no descarto –dado el cariz que van tomando las cosas– que pueda haber sido un enemigo íntimo. ¿O acaso tiene sentido que un Presidente se empeñe en sentar en el banquillo a un periódico porque éste reveló la acusación vertida en un video que, para que no falte de nada, resulta que va y se pierde, que se esfuma, que desaparece de una caja fuerte custodiada en un Juzgado ¡hace más de dos años!, peripecia oculta a las partes hasta bien avanzado el plenario? Que si Gil, que si los chicos de Corleone, que si… Bueno, yo creo que no hay que ir tan lejos teniendo en cuenta que no es la primera vez que aquí, ante un enredo con implicaciones políticas, arden archivos en una consejería o desaparece como por encanto un legajo también en sede judicial. Cuando el ‘caso Guerra’ desaparecieron los registros de visitas que tanta luz hubieran podido arrojar sobre las complicidades que, justo es reconocerlo, hubo de tener el ‘Asistente’ entre la mas granada burguesía de negocios. Ya ven qué cosas.
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¿Más? Pues hay para dar y tomar. El difunto Pellón, por ejemplo, se libró de las garras de Garzón al desaparecer –incineradas– las entradas sobrantes de la Expo, de las que nunca más se supo, como no se supo nunca más de la página del PGOU de Almonte que desapareció “casualmente” –ay, estas secretarias atolondradas!– antes de que nos percatáramos (porque fueron los mismos quienes se percataron, ni que decir tiene) de que en ella aparecían las fincas compradas por el círculo de González y que serían recalificadas entonces, tal como habrían de serlo, al cabo de los años, las que sus descendientes apañarían en Sanlúcar la Mayor, sin salir del despacho del alcalde que, miren por dónde, es uno de estos querellantes. Un presidente sobre el que pesa una condonación de crédito millonario por una Caja de Ahorros debe de estar muy mal aconsejado para sentar en el banquillo a estos conocedores profundos de la garduña andaluza. Pero lo que no le va a dejar la menor salida es el escándalo provocado por el asalto a la caja judicial y la desaparición de unos videos/prueba, de los que El Mundo nada tiene que temer, sobre todo tras al contundente validación de esa prueba por los expertos policiales. ¿Pero esto qué es, Sevilla o Palermo?, siguen preguntándonos desde lejanas redacciones, mientras los medios gubernamentales rizan el rizo imposible de su deseo, incluso a base de mostrarle a sus lectores la imagen invertida de lo que cada mañana ocurre en la Audiencia. Y nosotros capeamos el temporal como podemos, palabra, preguntándonos si este disparate es atribuible al propio Presidente o es un cebo envenenado que le ha hecho morder algún demonio familiar. ¡Había que verlo el otro día en su sillón de testigo y habrá que verlo ahora en la intimidad, una vez descubierto ese pastelón que es más bien una repugnante ensaimada de chorizo! El honor no se proclama sino que se defiende, caballero, las palabras valen para cualquier cosa, pero sólo hasta que sobre ellas caen como pedradas los hechos incontestables. El robo de una prueba en la que Chaves es acusado con temeridad de subastero, pongo por caso, imaginen qué barbaridad. Pero, ya puestos,  imaginen también qué compromiso.