Ciudad de los milagros

Vino ayer la ministra trirreprobada a inaugurar el AVE -¡toquen madera, no sea que le salga como el de Barcelona!–, llegó en helicóptero y presentó en la Diputación su nueva arma nuclear contra el Ayuntamiento rival: el proyecto de Estación que llevará una torre de ¡trescientos metros! (tres Giraldas, aunque esté feo comparar), asombro futuro de propios y extraños. A Huelva no va a haber quien la conozca si este proyecto de Calatrava –que ayer todavía era más bien ojana sin plazos ni condiciones, como pueden imaginar– se eleva alguna vez en plan Babel para competir con ese otro prodigio prometido, los puentes de la discordia, que según el arquitecto Manterola harán a la capital más importante (“relativamente”, dijo: menos mal) que la Torre Eiffel. Huelva está rota institucionalmente y el propio Gobierno ilustra el desgarrón enviando para ahondarlo a su ministra más desprestigiada. Ayer pudo comprobarse con esos trescientos metros de pancarta imaginaria contra un alcalde con quien no pudieron en las urnas.

La chica de Qatif

Desde Arabia Saudí, el paraíso wahabí que rige el “guardián de la Kaaba”, nos llegan rumores de que el monarca, el rey Abdulá, podría haber indultado de la severísima condena a doscientos latigazos y seis meses de cárcel, a una joven conocida ya en medio mundo como la “Chica de Qatif”, reo de haber sido violada (no, no es error), digo de haber sido violada en grupo cuando se encontraba en  la inconveniente compañía de un varón que no pertenecía a su familia, imagínense. He usado el condicional porque no es seguro aún lo del indulto –a pesar de que hasta se habla de que se enmarcaría en la “Fiesta del Sacrificio´´ como un gesto magnánimo del rey para “aliviar el sufrimiento de los ciudadanos”– porque la cuestión depende, al menos en cierta medida, de que la acepten los clérigos del integrismo sunní, que son quienes actualmente cortan el bacalao y lo que no es el bacalao en la tierra del Profeta, por supuesto con la aquiescencia de los EEUU, sus grandes aliados militares. La presunta indultada cometió, además, un error suplementario y fue apelar la sentencia a una segunda instancia, que fue la que le endureció las penas al extremo que desde el mismo Washington tuvieran que cantar los amiguetes que eso era pasarse de la raya y que desde Canadá se oyeran voces proclamando que la decisión de esos jueces constituía sencillamente una demostración de barbarie. La nota curiosa y explosiva del caso es el procedimiento abierto por el Tribunal Supremo del reino contra el letrado que osó defender a semejante imputada, pero lo que de momento preocupa en Occidente, tanto a los escépticos como a los partisanos del “diálogo de civilizaciones”, es que el poder de los jueces wahabíes acabe por sobreponerse incluso al del propio Abdulá. Tampoco se especifica el orden de los tormentos pero no hay que ser un noctílope para vislumbrar que doscientos latigazos sobre la espalda de la muchacha lo más probable es que acabaran con ella librándola de las duras prisiones. A lo mejor la encierran antes y le zurran luego, quién sabe. Tratándose de un ordenamiento tan diferente del civilizado cualquier cosa es posible.
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En España hemos tenido nuestros más y nuestros menos con jueces que han condenado a una violada o absuelto a su violador con el argumento de la presumible provocación por parte de ella que, pongamos por caso real, llevaba una minifalda, háganse cargo, tan irresistible como para justificar cualquier agresión. Lo que da una idea de la distancia que –Dios sea loado– separa aún nuestra estimativa moral y nuestros códigos penales de los que dicen regirse en exclusiva por imperativo religioso, así como nuestra legislación civil de las inspiradas en la revelación. En Irán se cuelga a ciertos reos públicamente de tansas finísimas para que prolonguen la agonía, en India o Pakistán los machos de la tribu queman con ácido a la mujer que ellos deciden que ha violado sus arcaicos códigos, pero sin llegar a tanto, en Marruecos, ahí mismo como quien dice, no existe igualdad legal entre hombres y mujeres con la anuencia del propio Partido Socialista del país que se abstiene en su duma cuando llega el caso de proponerla, contando con el silencio cómplice de nuestra izquierda y de nuestro feminismo, huéspedes con frecuencia de sus machos autoritarios. No tengo ni idea sobre qué será finalmente de la “Chica de Qatif” pero pienso que no basta con celebrar su gracioso indulto sino que sería imprescindible reclamar de una vez que se anule todo tipo de fronteras y fielatos para los jodidos “derechos humanos” que, de no ser universales, no son nada. Estremece la idea de que convivamos como si tal cosa con ‘’civilizaciones’’ que aperrean a las hembras al tiempo que reclaman nuestras libertades. Porque lo de las instrucciones del imán pegón es una anécdota, bien mirado, comparado con el fondo de la cuestión. Y no les digo nada con el trasfondo.

El trampeo electoral

Tengo entendido que el alcalde de Huelva (cuatro mandatos, tres por mayoría absoluta) no asistirá a la presentación que la trirreprobada ministra de Fomento hará, ¡en la Diputación!, de la maqueta de la estación del Ave prometido por ZP en abril. Lógico: ningún alcalde con sentido de la dignidad ciudadana admitiría que se desplace al pueblo de Huelva (eso representa su alcalde, incluso si no es del PSOE) a una segunda fila y menos teniendo en cuenta el papel decisivo jugado por el Consistorio en el proyecto frente a la impropiedad que supone llevar el partidismo al extremo de reconvertir la Diputación, que nada pinta en esa bautizo, en vitrina de cualquier progreso. No tienen bastante con utilizar la prescindible y carísima institución provincial como asilo sin fondo para los “arrecogíos” del partido (hay en ella más asesores que en torno a Chaves) sino que pretenden usarla como ariete contra el Ayuntamiento. Hace bien el alcalde en no asistir. Cuanto antes desenmascaremos a estos tramposos de la política,  mejor que mejor.

Bulgaria cuestionada

Hay que ser optimista, en vista del zambombazo propinado a la dirección por las bases en la asamblea de la capital, para dar por liquidada o en vías de liquidación la satrapía barrerista. Pero hay que ser zambombo para no ver que lo ocurrido –Jiménez en el último puesto, Cinta Castillo despeñada al octavo– descubre un seísmo de imprevisibles consecuencias en las capas bajas de la militancia. Por supuesto que desde la Dipu y sus graneros se pueden encauzar las disidencias y los protestantismos, pero la cosa, probablemente, viene de más lejos –desde Sevilla por lo menos– y los rebeldes intuyen que cuentan con apoyos invisibles pero quizá determinantes. Esa generación –Barrero, Petronila y los suyos– ha caducado sin percatarse siquiera y de sobra sabe ella lo poco que puede confiarse en la lealtad de los protegidos, sobre todo cuando éstos ven peligrar el chollo. No creo que haya nada decidido pero sí que la dirigencia del PSOE onubense tiene ya poco recorrido. Miren cómo la desafían, no ya Saldaña, sino los alcaldes costeros y calculen.

`Tintin´ bajo sospecha

Las aventuras de “Tintin´´ fueron escritas en la juventud de mi padre pero hace más de treinta años acabaron en la habitación de mi hija tras haber pasado por la mía. Si hablo por mí, he de decir que, entre tanto “Guerrero del Antifaz”, tanto “Roberto Alcázar” y tanto “Cachorro” como sostuvieron mi imaginación, las viñetas de “Tintin´´ con su inseparable perrillo y su amigo chino me hicieron comprender pronto que había otras emociones aparcadas al margen del entusiasmo nacionalista, que era lo que se gastaba por entonces. Había que ser muy superficial para no percibir en aquellas aventuras, no solamente cierto personalísimo sentido de la universalidad, sino un proyecto cultural palpable que declaraba a la legua que –como con los años hemos acabado sabiendo– la China retratada por el héroe no era un invento ni el Congo revisitado una escena imaginaria, sino estudiados trasuntos de una realidad bien documentada y mejor conocida. Traigo a colación el tema porque, tras la intensa polémica ocurrida en los EEUU, Francia, Inglaterra o en la propia Bélgica, su patria, en Jerusalén acaba de celebrarse un congreso por todo lo alto dedicado –¡con la que está cayendo por aquellos lares!– a la grave cuestión de dilucidar la ideología del gran Hergé, su difunto autor, sospechoso hoy de colonialista e incluso de xenófobo como ya en su día, tras la liberación de París, lo fuera de colaboracionista con los nazis a juicio de algunos censores “aliados”. No se habla apenas, curiosamente, de “Tintin y los Soviets” ni de las impagables aventuras de esa pandilla en el Tibet, sino del famoso viaje al Congo en el que la erística que no nos deja vivir parece ser que ve ahora actitudes racistas en las bromas y veras que en él se gastan sobre la inteligencia de los blancos y la lamentable limitación de una negritud que no lo tendría fácil en el tebeo para sumar dos más dos. No hay nada que hacer: “Tintin´´ está bajo sospecha y bueno está el horno fundamentalista para pedirle cordura o, cuando menos, sentido de la circunstancialidad.
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No es que me chupe el dedo al extremo de no ver en la historieta de Hergé y sus personajes un eco reconocible de leopoldismo, ni de que se me escape que en la cosmovisión tintiniana subyace un sentido de la superioridad blanco-europea (a punto he estado de decir aria, y a ver por qué no, dado el contexto) en la que campea la famosa idea de que el negrito es irremediablemente indolente, pero, coño, ya me dirán que importancia puede tener eso comparado con lo que entre todos hemos acabado por perdonarle a los Paul Morand,  Céline, Drieu de la Rochelle  o Bernanos. En España, Jordi Pujol dijo públicamente por referencia a los andaluces que debían buscarse la vida en la próspera y protegida Cataluña, que cada pueblo tenía la suerte que merecía, y eso no es nada para lo que sus émulos han dicho o perpetrado luego imbuidos de un extravagante sentido de su superioridad regional. Fíjense: el pobre Hergé no tuvo inconveniente en eliminar de sus comics ciertos pasajes dudosos, a pesar de lo cual un estudiante congoleño, Mobutu-Mondondo, por poco logra hace poco retirar sus obras del mercado aunque, ciertamente, con el resultado de multiplicar sus ventas entre los curiosos y los cabreados. A mí este pleito de “Tintin´´ me inquieta en la medida en que creo que no es un hecho aislado ni casual sino que concierne al generalizado maximalismo que gustosamente censuraría el “Cantar de los Cantares” por lo que pueda tener de deliquio machista o el “Mío Cid” por su consustancial cercanía al santiaguismo medieval. Este mundo empieza a resultar incómodo a fuerza de inquisiciones aunque, al menos entre nosotros, aún no se le haya metido mano a nuestro enmascarado “Guerrero´´ ni tenido en cuenta su memorable saña antiislamista. Vamos a dejarlo, no sea que alguien se ponga manos a la obra, porque de menos vive hoy en España una legión de cuentistas.

La CA de IU

Golpe de mano, declaración de guerra. Ésas y no otras fueron las expresiones con que los jerifaltes comunistas andaluces reaccionaron ante la exitosa maniobra de Llamazares que concluyó con la destitución de los clásicos representantes andaluces en la dirección de ese partido de partidillos. La cosa no es para perder el sueño, seguramente, pero pone de relieve que la coalición está viviendo una crisis acaso terminal de la que no se salvan ya ni los mascarones de proa. IU es víctima de un PSOE a cuyas puertas lleva llamando con los nudillos desde hace varias legislaturas pero también de su propia intriga interna y, en cualquier caso, esta purga al viejo estilo deshace sin remedio el averiado sueño que fue IU-CA. Claro que la debacle culmina ahora, porque lo que se dice empezar, empezó cuando se fue excluyendo del proyecto el aliento anguitiano. En IU ha campado desde hace mucho tiempo el “principio de Peter”. Ahora sólo está tocando fondo.