Guijuelo 1 – Jabugo 0

En Washington han presentado por todo lo alto, con la cúpula del Capitolio al fondo, el hasta hace poco proscrito “jamón español”. ¿Que qué jamón? Pues el salmantino, a ver, aquel que ha contado con mayor apoyo oficial y, ciertamente, también con mayor iniciativa propia. Dudo de que haya por ahí arriba más organismos y próceres dedicados a la promoción de ese jamón nuestro al que maldita la falta que le hace que lo promocionen y me pregunto, por supuesto, que hace nuestra abarrotada Diputación, impávida mientras la de Salamanca se lleva al agua ese gato que puede ser trascendental para nuestras economías comarcales. Uno a cero, en fin, al menos de momento. En Huelva no somos capaces demasiadas veces ni de vender unos productos mundialmente famosos. Otros sí lo consiguen, y es inevitable que aquí nos preguntemos por qué, con caras de panolis.

La barba de Dios

Alemania, hablando de cuestiones bíblicas, no es un país como otro cualquiera sino una auténtica potencia. Para empezar porque la decisiva traducción de la Biblia al alemán que hizo Lutero inaugura la modernidad de esa poderosa lengua, tan propicia a la reflexión, según dicen, como a la poesía, y eso ya lo sabe uno a pesar de las traducciones. No se juega con la Biblia en Alemania, fortín de una filología testam0entaria arreglada al porte de sus teólogos y antropólogos del Antiguo Testamento tanto como de los del Nuevo, razón por la que resulta de lo más peregrina la noticia de que una traducción del ‘Gran Libro’ atenida al “lenguaje inclusivo” (ese invento del tardosufragismo americano), que ha logrado un notable éxito editorial a base de ofrecer un texto no poco espectacular donde las palabras se fuerzan o retuercen hasta hacerlas decir lo que se desea, sin el menor respeto por la norma lingüística. En esa Biblia, en la que habrían trabajado durante años medio centenar de varones y hembras pertenecientes a la Iglesia Evangélica alemana, se nombra al Hijo como ‘das Kind’ en lugar de hacerlo con la voz ‘Sohn’ porque aquella –como ‘enfant’ en francés, por ejemplo– vale para los dos géneros mientras que ésta, que es la fetén, remitiría sólo al macho, y cuando se habla de ‘hermanos’ se han sustituido las corrientes por el adjetivo sustantivado ‘Lebendige’, que significaría El/La Viviente, con lo que volvemos, la verdad que un poco ásperamente, al reviejo tema de la hipotética feminidad de Dios, da la sensación de que sin saberse muy bien una plana que parece que se remonta al vago fondo cultural que intuimos antes de la cultura griega, y que sería responsable de que en la “Teogonía” hesiódica campee todavía la imagen de la Gran Madre “de ancho seno, sólida y eterna morada de todos los seres”, salida el Caos y prevenida frente a la concupiscencia de Eros. El empeño en quitarle a Dios las luengas barbas es tan antiguo como la piedad y pienso que el éxito discretísimo que ha tenido hasta ahora debería hacer reflexionar a sus adalidas.

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Parece que nunca hubo realmente un monoteísmo femenino pues cuando esa idea superior de la divinidad fue históricamente posible (y les aconsejo los comentarios sobre el tema de un astrofísico como Fred Hoyle), ya la idea de que Dios era un ser macho estaba, por lo que parece, irreversiblemente fundida en las mentalidades. Pero en cambio, debe decirse –como escribió hace tiempo Karen Jo Torjesen en su libro “Cuado las mujeres eran sacerdotes”– que en los viejos textos bíblicos “hay un rostro femenino de Dios”, manifiesto en expresiones divinas –desde el Deuteronomio o Isaías a Lucas pasando por el psalmo que compara a Dios con la partera o la clueca– que traducirían el sentir de la hembra en fórmulas no siempre convincentes. No sé si, a fuerza de “inclusiones” lingüísticas, se conseguirá alguna vez deshacer la férrea entraña mítica de esa visión patriarcalista, pero tal vez ya irremediable, de la divinidad. Pero, ojo, porque el gran Frazer recogió de unos indígenas paraguayos un mito de la creación enteramente andrógino cuya moraleja era que ambas partes, macho y hembra, habían acabado por rogar a Dios que los liberase de tan incómoda hibridez. Lo que sea, sonará, pero a uno le sorprende toparse en un país como Alemania, que le debe su identidad a su lengua y su lengua a la versión bíblica, aventuras tan peregrinas como ésta de poner en boca de Elohim o de Sabaoth, da lo mismo, términos de la ‘basca’ como “fashion” o “cool”. Miren como será la cosa que el enigmático y fastuoso pasaje de la multiplicación de los panes y los peces aparece aquí tergiversado con Jesús, sentado en medio de la multitud, repartiendo hamburguesas. Y eso ya no es teología ni antropología que valgan, sino lo que se dice arrancarle a Dios la barba a puros tirones. Ni les cuento como queda Pablo en la versión de marras. Si el levantara la cabeza seguro que organizaba la de Dios es Cristo.

Intimidad en la almoneda

Si algo faltaba por ver en esta democracia remendona era que el partido en el poder,  sea, el PSOE, no sólo se recalificara una finca propia de tres plantas para multiplicar su valor de mercado por diez sino que se negara a entregar la documentación urbanística a la propia Oposición municipal con el absurdo argumento de que esa exhibición comprometería su “derecho a la privacidad e intimidad”. Es como si el contribuyente se negara a descubrir su contabilidad ante Hacienda para no ver descubierto su auténtico patrimonio o como si el conducto se negara a soplar en el control de alcoholemia –bueno, eso ya lo hizo un diputado y el TS sentenció que adelante con los faroles– para ocultar su estado real. Y eso es una barbaridad porque lo íntimo es lo contrario de lo público, y no hay privacidad que valga en la función pública. ¡Ahí podríamos llegar! Aunque al parecer hemos llegado ya.

La otra ventanilla

No es al Ayuntamiento al que debe reclamar la candidata frustrada, Manuela Parralo, que se atienda a los acreedores de Construcciones Moreno, ni parece que la  circunstancia navideña modifique la cuestión de fondo, que no es otra que esa empresa –que el consistorio asegura que habría cobrado más de trescientos millones en el año en curso– está en suspensión de pago y, en consecuencia, como bien saben los sindicatos, vetada por Hacienda (además de por los proveedores y por la intervención) que exigen que se levante los embargos antes de cobrar más dinero. Parralo puede pedirle a ZP que, lo mismo que le regaló un AVE inexistente y tres puentes psidodélicos en plena campaña, levante ahora esos embargos que impiden legalmente normalizar la situación que tanto le preocupa. ¿No sabe esa dama que el mayor deudor de Andalucía es la Junta que gobierna su partido? Pues que lo sepa y que recuerde que cuando es Navidad, lo es para todos, no sólo para unos cuantos.

Los monos sabios

Ha causado gran conmoción la noticia difundida por tierra, mar y aire de que un primatólogo japonés, Tetsuro Matsuzawa, mimbro de la universidad de Kyoto, ha probado la superioridad de los chimpancés sobre los propios estudiantes universitarios a la hora de aplicar y ejercer la memoria fotográfica que es como conocemos, generalmente, a la llamada “reducción eidética”, es decir, a la aprehensión cognitiva de la esencia realizada por la visión. Hemos visto en la tele a unos simpáticos monosabios –permítaseme el taurinismo– pulsando con el dedo sobre la pantalla una serie de casillas en blanco en las que poco antes habían podido ver números, operación vertiginosa en la que se han demostrado bastante más rápidos que los alumnos invitados a participar en la prueba. Ya estamos otra vez, pues, en el dilema, he aquí de nuevo sobre el tapete la discusión sobre la presunta capacidad intelectual de los primates que ha vuelto tarumba a más de un sabio de bata blanca, pero en esta ocasión ignorando, seguro que sin intención de defraudar, la diferencia que estableciera Husserl entre precisamente lo “eidético” y lo “fáctico”, polaridad que separaría, qué duda puede caber de que enfrentándolas en cierto modo, a la ciencia que centra su objeto en la ‘idea’ (y eso viene de Platón, no se olvide) y a la que trata de polarizar su atención sobre los ‘hechos’. ¿Qué es lo que penetran y aciertan esos monos?, cabe preguntarse en definitiva, ¿es la realidad propiamente tal o tan sólo su sombra espectral sobre la pared rugosa de la Caverna? De acuerdo, vaya que el avisado chimpacé señale el 3 antes que el alumnote atolondrado, pero ¿sabe ese mono lo que está señalando, conoce el alcance numérico y, por ende, práctico, de su gesto, o solamente repite como un autómata una técnica de identificación en sí misma poco significativa? Se me dirá que hoy es posible a cualquiera dividir por decimales usando una calculadora a pilas, pero ese argumento ni quita ni pone a mi objeción zoológica. Todo lo más podría sugerir que cada vez hay más monos entre los hombres, pero no que haya más hombres entre los monos.

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A mí lo que me suliveya en el fondo es comprobar la estupenda aceptación que tienen estos presuntos portentos sobre una opinión perfectamente indiferente a hechos tan probados como que cada no sé cuántos minutos muere un niño de hambre en este planeta, y decididamente más propensa a apoyar la prohibición de las cobayas en la experimentación que a encresparse con un Sistema que ha dado hace tiempo por perdida (quiero decir, por ganada) la pugna por conseguir que los fármacos contra el SIDA se vendan  a precios no depredadores en los países hambrientos. ¿Poseerán los simios de verdad una capacidad intelectual superior a la de los humanos, careciendo, por tanto, de sentido, la secular presunción de la preeminencia de nuestra especie sobre la de ellos? ¿Y habría que pensar entonces, que la Madre Naturaleza habría dado un paso atrás perturbando la evolución de manera que especies inferiores señoreen a las mejor dotadas?  Ni idea, de corazón lo digo. Pero me parece que el aviso del fenomenólogo citado más arriba señala una brecha gnoseológica que nadie debería ignorar so pena de verse precipitado en ella. Una cosa es el saber “sobre la esencia” (con permiso de Zubiri sea dicho) y otra muy distinta el que, averando discretamente las’ideas’ se propone acercarse a los ‘hechos’ y actuar sobre ellos. Consideren lo poco que se parece un “átomo” de Demócrito a esas maravillas pulsantes que ha descrito nuestros físicos de partículas. ¿Supone esto que le estoy quitando mérito a las intuiciones de  Demócrito o de Leucipo por haberse adelantado ambos en tantos siglos a nuestros genios contemporáneos? Yo creo que no. Como creo que los monitos de Tetsuro se quedarían nota si la pantalla les ofreciera una resta. No es por defender al ‘Génesis’, palabra. Si así fuera no echaría mano de Husserl.

El maestro armero

Tan extraordinario como el argumento dado por el presidente ZP de culpar a la presunta ignorancia de los padres del fracaso escolar de los hijos (¿os de Pepiño Blanco deberían andar por el “border”, en ese caso?) ha sido la razón dada por el siempre sofístico consejero Griñán de que si suben los precios de los alimentos es porque estaban muy bajos. Tomen del frasco. Según Griñán, además, la cosa no tiene remedio porque viene a ser global y, en ese sentido, no habá más solución que atenerse a las “medidas” que tato el Gobierno como la Junta estarían adoptando. Oiga, y qué “medidas” son ésas, si el propio ZP ya dijo que contra el alza de los precios no se podía hacer nada de nada? Si la citación es, sin duda grave, más preocupante si cabe es el desparpajo con que estos responsables encaran los problemas públicos. Lo0 que es bueno para el PSOE es bueno para España. El resto, o es mentira o no tiene solución.