Tacto con el pobre

La Junta de Andalucía acaba de suspender una de las medidas más cacareadas de su anterior legislatura, a saber, la de conceder ayudas a las familias desahuciadas de sus viviendas que, además, se hallaran en situación de emergencia social. Y el Presidente en funciones ha suavizado el mensaje con el argumento de que se trata de “una medida financiera razonable y situada en la responsabilidad financiera” –no crean es que es coña— adoptada por una Administración tan sensible que procura “no frustrar las expectativas de mucha gente”. Seguro que los desahuciados se rebrincan con tanto eufemismo y tan delicado tacto, sobre todo si recuerdan lo de los 100.000 euros para Valderas o lo de las dietas “de vacaciones” de nuestro diputados.

La nueva era

Una vez más la Humanidad va a experimentar un cambio crucial motivado por un reajuste demográfico. El sistema convencional, sobre todo después de la descolonización de los años 60, viene siendo interpelado por los vastos sectores de que soportan el subdesarrollo o, más llanamente, la miseria, un fenómeno que la información global de que hoy día se dispone, impide disimular. Los pobres del Sur que ahora invaden el “paraíso” del Norte no son ya los ignorados pobladores del corazón de la tiniebla sino una muchedumbre que, instruida por la televisión sobre todo, ha adoptado la indumentaria de los “desarrollados”, bebe coca-cola y sigue fervorosamente la odisea futbolística distribuida en hinchadas del Madrid o el Barça, un ejército desarmado pero arrollador que, igual que provocó la ruina del Imperio romano, amenaza hoy el muy inestable equilibrio del Primer Mundo, y en definitiva, acabará forzando una nueva era de la que todavía no tenemos ni idea pero que no cabe duda de que, al menos en sus prolegómenos, ya ha comenzado. Vean el desconcierto de los “desarrollados” ante esa invasión diaria, el vacío mental desde el que se contempla tan extraordinario fenómeno, el despiste de una Europa –de una Unión Europea—que parece resignarse a ver convertido el Mediterráneo en un cementerio marino –dos mil ahogados en lo que va de año– y piensa ingenuamente que será posible contener a esa marea humana levantando muros y alambradas. Tampoco en la antigüedad, fuera de Orosio y algún otro avispón, se supo valorar ni prever la fatalidad de una invasión invitada por la propia Historia.

De más estarán las armadas vigilantes y las erizadas vallas mientras sea el hambre y el pánico lo que anima a esa multitudes sin nada que perder. Lo hemos visto en los EEUU con los “espaldas mojadas”, en el Mediterráneo con sus innumerables tragedias, y ahora también en Calais, un pie en Francia y otro en Inglaterra: esto no hay quien lo pare, lo que quiere decir que habrá que empezar a cavilar instalados sobre un paradigma distinto en busca de un reajuste poblacional, aceptando un modelo de convivencia social inédito que hará del siglo en curso un recodo de los tiempos tras el que un nuevo planisferio se ilumine con futuros colores. No es éste el primer reajuste que vive la Humanidad ni, probablemente, será el último. Quienes ven en el rapto de Europa un simple mito arcaico no saben lo cerca que están de ver cruzar el cielo de nuevo a la princesa amazona sobre el toro blanco.

Jugar la prórroga

En la Junta de la presidenta Díaz acaban de inventar otro recurso para tratar las presuntas corrupciones: la prórroga. De este modo, la directora general de Minas, ahora destituida por el presunto y más que sospechoso trapicheo de la concesión de la de Aznalcóllar, no lo ha sido del todo, sino sólo provisionalmente, en la medida que se le guardará la plaza intacta, sin nombrarle sustituto, hasta que haya sentencia firme. No hay que olvidar que el “caso Aznalcóllar” concierne ya de pleno al gobiernillo de doña Susana y ésa puede ser una estupenda razón para tratar bien a la destituida, que bien pudiera llevar reservada en la recámara una incómoda bomba. Nadie se planta a cara de pero frente a la corrupción, por si acaso. Ni siquiera la “incorruptible” Susana.

Eros y Thánatos

La gran noticia del verano –con haber ocurrido tantas y tan tremendas bajo la canícula—ha sido la hazaña de un dentista de Minesota, un tal Walter Palmer, que ha logrado abatir a flechazos al león Cecil, símbolo de Zimbabue. Qué tío, el dentista. Según los chicos del suplemento “Crónica”, Palmer había estado ya en España, en Gredos y por ahí, donde a flechazo limpio cobró nada menos que tres gamos, dos cabras montesas, un muflón y un jabalí, espléndida matanza por la que cuentan que pagó una millonada, incluyendo las piezas cobradas por su mujer que, sabiendo al dedillo lo que son en realidad las cacerías de los maridos, no se separa de él ni a tiros. El amor y la muerte, “eros y thánatos”, como decían Freud y Norman Brown, el bípode en que se apoya nuestra perra vida. Sin ir más lejos, un rey nuestro, ahora emérito, perdió la corona como quien dice por fusilar a un elefante –ya había liquidado antes a un oso borracho como una cuba (el oso)—y caerse de un tálamo no precisamente conyugal, lo que confirma esa teoría que invoco y por la que, por lo visto, no pasan los años. El amor y la muerte, o viceversa, mueven la vida como el viento de otoño lleva la hoja de aquí para allá sin hacer excepción de grandes ni chicos, aunque bien sabemos que disfrazados ambos, en la mayoría de los casos, con motivos menos crudos, que eso es el deporte, en fin de cuentas, un sucedáneo de la guerra interior que lleva el mono loco en la masa de la sangre. A esas profundidades de la filogenia, no hay distancia que valga entre un rey y un dentista, a la vista está.
Hubo un tiempo en que la caza furtiva, es decir, la única justificable a mi entender, se castigaba con la muerte por entenderse que las piezas vivas estaban ahí, en el bosque o en la marisma, reservadas para satisfacer el “instinto de muerte” –así lo llamaba el último Freud—de los poderosos, y no para alimentar a la plebe famélica. Pero el tema no es ése, sino el hecho mismo de la pulsión tanática, inseparable o casi de la erótica, que mueve desde el último azacán al rey más alto pasando, como se ve, por el dentista. El hombre vive como puede, ama cuanto puede y mata lo que puede: por eso se inventó la caza, o más precisamente la cacería, que mi amigo el embajador Cuenca –no única pero sí rara excepción– concilia apasionadamente con el amor por la Madre Naturaleza. El ancestro feroz habita en nosotros. El hombre no ha cambiado gran cosa desde el paleolítico.

¡El millón, al fin!

Por primera vez en muchos años, el registro oficial de parados en Andalucía baja del famoso millón. Ni que decir tiene que desde la Junta –o más exactamente, desde el puerperio—nos llega la proclama de la presidenta Díaz exhibiendo ahora la bonanza como un mérito propio, lo mismo que mientras arreciaba la tormenta lo atribuía al Gobierno de la nación. Lo que habría que responderle a doña Susana es que lo difícilmente explicable es que, después de más de tres décadas de hegemonía del socialismo obrero, se celebre este triunfo pírrico. En fin, ya hemos bajado del millón: enhorabuena a todos sin reservas. No sería tan mala la denostada política del Gobierno cuando nos ha sacado del maldito millón.

Pemán

Un agosto lejano, a don José María Pemán le propinaron en Madrid un duro repaso a propósito de algo que ya no recuerdo. Al día siguiente, Pemán, cogió su coche y en plena canícula llegó a su finca El Cerro decidido a reponerse del tantarantán acogido a sagrado bajo el frescor de la penumbra cortijera. Y contó luego, en uno de sus artículos, los pormenores de su llegada y cómo, abrumado por el calor, hubo de subir la cuesta hasta el caserío en cuya marquesina, reposado e irónico, le aguardaba un Séneca que lo recibió puya en ristre: “¡Vaya baño que le han dado ayer a usted, don José María”, a lo que don José María contestó incontinente: “¡Ojalá, hijo, ojalá!”. Pemán sobrenadaba en la censura franquista con un humor que igual le permitía caricaturizar a santa Teresa como “una regidora de la Sección Femenina, pero a lo bestia” que escribir sobre las cejas para mantenernos en un morboso vilo pensando en el almirante Carrero antes de descubrirnos que se estaba refiriendo a Breznev. Nunca perteneció el escritor a esa horda cateta que estos días se rebrinca en Cádiz ante el fichaje de un jerezano como Dani Güiza , entre otras cosas porque la triste experiencia de la guerra civil, abrió su conciencia a la necesidad urgente de reconstruir las ruinas patrias en una imagen solidaria y común.

Pemán fue un franquista con quien no encajaba bien aquel furriel supremo al que respetaba pero con el que se las tuvo tiesas toda la vida, aunque nada de eso sabe, al parecer, la alcaldesa jerezana que acaba de retirar su busto del teatro Villamarta, tras permitir que en el pleno municipal algún perroflauta de esos con los que comparte gobierno calificara al insigne escritor de “fascista y asesino”. El populismo que nos ha caído encima anda empestillado en una dialéctica frentepopulista para la que importan más los fantasmas del pasado que la gangrena actual, incluso en una provincia que bate el récord europeo de paro y en una ciudad, como Jerez, que atesora la mayor deuda conocida, tiene un ex-alcalde en prisión y una corregidora procesada. Nadie se mete en Francia, a estas alturas, con el colaboracionismo de Céline o Paul Morand, en Alemania fracasó la campaña sobre el pasado filonazi de Gunter Grass, y en los EEUU la organizada contra Ezra Pound. Pemán, que se reía de su sombra, hasta puede que se hubiera alegrado ante la decisión de esta izquierda comparsista. “¡Que lo van a bajar a usted al sótano, don José María!”. Y él habría contestado: “Ojalá, hijo, ojalá”.