Seguridad y partidismo

Es una barbaridad mantener el conflicto de Aljaraque, de La Dehesa más concretamente, en el ámbito de la rivalidad partidista. No venía a cuento, por ejemplo, la ironía facilona del alcalde sobre la promesa electoral del PP en materia de policía de proximidad, porque la realidad es que él no pudo convencer a nadie en esa asamblea no poco inquieta de que lo que ha ocurrido en el pueblo –once atracos en tan sólo dos meses– es algo normal. Los vecinos llevan razón en sus demandas, sobre todo teniendo en cuenta la generalizada impresión de que, a estas alturas, se sigue careciendo de datos certeros sobre esos asaltantes evidentemente organizados que se desvanecen como sombras tras cada fechoría. La seguridad del pueblo no entiende de partidos. Ni de estrategia de “verlas venir” como la que viene empleando la autoridad en este caso.

Precios y burbujas

Casi sin darnos cuenta, visto y no visto, hemos pasado de la confianza al temor, del temor al temblor si quieren, contemplando el paso de la burbuja a la crisis, y lo que es peor, de la reforzada confianza en la expansión sin fin a la constatación del frenazo en seco. No andaba tan descarriado, en fin de cuentas, el viejo marxismo cuando pronosticaba a la fisiología capitalista esos imprevisibles fracasos surgidos de la entraña lógica del propio sistema, aquellas crisis que serían cada vez más espaciadas pero más intensas. Toda “new age”resulta ser un sueño insensato del que se despierta agitado por la pesadilla, incluso si, previsora pero inútilmente, alguien ha tratado de despertar a tiempo al soñador, y esta vez hemos pasado con ritmo vertiginoso de la imagen ingenua del crecimiento ilimitado a la evidencia de una crisis tan inesperada como imprevisible. ¿Cómo disimular a medio plazo siquiera que los precios suben, que la renta disponible encoge, que el plan hipotecario de la familia feliz ha resultado el cuento de la lechera? Ninguno, probablemente, y el poder que nos pastorea, que no contaba con esta morcilla en el cuidado guión, ha debido pasar de vendernos el paraíso plantado por su mano a confesar tartajoso que nada puede hacer para frenar la escalada de los precios. Tema manido. Hamilton sostuvo que si pasamos del feudalismo a la modernidad preindustrial fue a causa de la “revolución de los precios” de la cesta de la compra que provocó una inflación pavorosa al no dejar se subir ni un solo año durante el XVI las cosas de comer, fenómeno que el sabio atribuía (aunque hoy sabemos que tampoco debió de ser así) a la riada de metales preciosos que llegaba de América. Y don Pedro de Valencia escribía al rey sus brillantes opúsculos sobre el precio del pan y el poder de las brujas tratando de desengañarlo tanto de aquel liberalismo “avant la lettre” como de las mañas inquisitoriales. Incluso en esta era de ayunadores e higienistas, cuando ustedes vean que sube el pan, dense por jodidos, se lo digo yo.

                                                                xxxxx

Total, que hemos pasado de la burbuja a la crisis saltando sobre la ciudad alegre y confiada del Adviento comercial. El barril de ‘brent’ ha rematado la cucaña hasta alcanzar los cien dólares, pero no se fíen de ese comecocos porque ya la otra vez, cuando la llamada “crisis del petróleo” de los 70, el sabio Ernst Mandel explicó que eso era un cuento pues el magisterio enseñaba que no había crisis con una sola causa. Tampoco se crean eso de que la estampida de los alimentos se debe al uso de los cereales en la producción de biocarburantes, dado que el porcentaje destinado a ese fin es minúsculo. Sea como fuere, lo cierto es que el Gobierno no esperaba, como quien dice, a Godot, entretenido en su estrategia evergetista pero olvidando que el evergetismo (el mecenazgo, el “reparto” publicitario del mecenas para camelarse al pueblo elector) solía hacerse con dinero ajeno y acabar casi siempre, tras el festorro, en duelos y quebrantos. Las encuestas más recientes se engallan, por primera vez, cuestionando el liderazgo en ejercicio, que hasta ayer parecía inabordable,  y sugiriendo el relevo, pero creamos o no en esa posibilidad, de lo que nadie puede seguir dudando es de que el brusco meneo de la economía ha dejado de nuevo en evidencia, por si hiciera falta, en qué medida fatal la política depende de ella. Ahora no nos llegan galeones ultramarinos con las bodegas repletas de plata pero el “todo a cien” de los chinos o el timo de los prestamistas yanquis (sin despreciar las ambiciones de los nuestros) pueden hacer con toda comodidad el papel de aquellos bajeles en un planeta globalizado donde dicen que el aleteo de una mariposa en las antípodas puede desencadenar un seísmo en nuestras latitudes. No es difícil sonreír en la bonanza. Lo que tiene mérito es hacerlo con el pollo por las nubes y la hipoteca desbocada como el quinto caballo de un apocalipsis. Ahí te quería yo ver…

Carta de ajuste

Para carta de ajuste la que le ha puesto el Tribunal Supremo a la tele de la Junta,m esto es, a Canal Sur, al declarar nula –a Instancia de la Asociación de Licenciados en Imagen y Sonido de Andalucía (ALISA)– una convocatoria de empleo con la que ese ente, cada día más politizado y dependiente, trató de legalizar la situación laboral de 232 trabajadores que venían trabajando en la cadena pública, circunstancia que al alto tribunal le parece, con sobrada razón, que vulnera los principios de igualdad, mérito y capacidad exigidos por la Ley para el acceso a la función pública. La sentencia puede tener imprevisibles efectos sobre la situación del perosnal de la RTVA toda vez que afectará jurisprudencialmente a otras convocatorias que la cadena, en uso y abuso de un criterio exclusivista y partidario, tiene convocadas en este momento. Canal Sur no es una excepción en el panorama funcionarial/laboral de una autonomía a cuya Junta le han sido anuladas ya, en varias ocasiones, intentos similares de “colar” de matute a trabajadores “propios” mientras una legión de compañeros vegeta en los pasillos, víctimas de su presunta actitud crítica o simplemente no partidaria.

Una nueva película

Ni entro ni salgo en el proyecto de Unión, Progreso y Democracia (UPD), en el que tantos viejos amigos tengo, pero rechazo de plano el desdén con que el que se pretende descalificar a esos antiguos dirigentes del PSOE (alguno de primer nivel) en nombre de una injusta lógica de la fidelidad partidista. No conozco uno de esos nuevos dirigentes que tenga una mala otra en el expediente y nadie podrá decir de ellos que traicionaron a los de dentro mientras dentro militaron como, por cierto, fácilmente podría decirse de muchos dirigentes de hoy que en su día apuñalaron por la espalda a su Ejecutiva e incluso a los mismos que los habían investido sacados de la nada. El UPD tendrá mejor o peor fortuna, ése es otro asunto, pero quienes en él se agrupan huyendo de la quiebra manifiesta de los principios tienen todo el derecho del mundo a ensayar una nueva aventura democrática.

Preceptores y maestros

La actual generación principesca española fue a un colegio privado madrileño, un colegio de élite, ni que decir tiene, en el que´, en tiempos remotos, afanábamos unos duros impartiendo clases particulares algunos elementos bien significados entre el rojerío universitario. Éramos nosotros, más que infiltrados o quintacolumnistas en el ‘alma mater’ de la altísima burguesía, los sucesores de los preceptores antiguos, es decir, de la tradición de la enseñanza doméstica reservada a la “upper class” que todavía le dio tiempo a disfrutar al actual jefe del Estado bajo la atenta tutela del mismísimo Franco. Los jóvenes de privilegio se han educado siempre aparte, separados de la “gentecilla del común”, que se iniciaba al saber en la mísera escuela regentada por un maestro hambriento armado de un puntero en una clase machadiana con las paredes ilustradas por escenas bíblicas, y el sistema no era otro que el empleo de un profesor exclusivo que se integraba sin mayor dificultad, junto a criados y camareras, en el servicio de la casa. De manera que la llamada “home schooling” o enseñanza dispensada dentro del hogar no es sino un caso más de redescubrimiento de una institución un día abandonada por presuntamente obsoleta que, de pronto, se revela viva y bien viva. Viene ello al caso a propósito de ese expediente que la Junta de Andalucía acaba de abrirle a unos padres de modestísima condición que, por lo que sea, han decidido educar a su hijo en casa, en uso del derecho a la libertad de enseñanza que consagrada nuestro ordenamiento, pero que para la Administración no incluye ningún régimen educativo sin apellidos: la enseñanza, o es pública, o es privada o es de las que ‘conciertan’ con aquella su tarea; el resto, no existe. O bueno, sí que existe, con la sola condición de que la familia cimarrona sea pudiente en grado bastante. Los hijos de la clase media acomodada se educan hoy en EEUU o en Inglaterra pero hay casos –me consta– en que sin salir del territorio es posible disponer el tinglado de tal forma que un profesorado escogido enseñe y otro, oficial, refrende en su momento el resultado. Es caro pero es bueno y está reservado, ya digo, a familias de privilegio. Para el resto, expediente (¡de abandono familiar, nada menos!) que te crió.

xxxxx

El celo de los arcángeles autonómicos contrasta especialmente a unas semanas de distancia de la muerte de una madre desposeída de su prole a la que –a pesar de estar avalada por diez sentencia– se la negado incluso el aguinaldo impuesto por los jueces en concepto de indemnización por lo que ellos mismos califican de “largo y tortuoso calvario”. Pero en cualquier caso habría que preguntarse –como ha hecho el Defensor del Pueblo– qué buena razón pueden impedir a unos padres educar a su hijo en casa, fuera de una escuela manifiestamente desacreditada y en la que ni siquiera es posible garantizar la protección del menor frente a las numerosas asechanzas que sobre ella se ciernen. Más bien serían esos padres, digo yo, quienes estarían legitimados para demandar a una enseñanza pública fracasada e incluso para recurrir al único sistema capaz de proporcionarle al niño un aprendizaje normal, a salvo de los inconvenientes o riesgos de un sistema docente abducido por los fanatismos de diverso signo y que no dispone siquiera de medios adecuados para proteger a los pupilos. Empapelar a un albañil, como es el caso, por lo mismo que pueden practicar a su modo los padres pudientes, más que un exceso de celo, es una obscena exhibición de injusticia por prate de esos vigilantes de lo que les conviene, que se pasan el curso mirando para otro lado a fin de no ver lo que no ver no desean. La crónica del ‘Domine Cabra’ es un paradigma de nuestra convivencia como lo es la ‘Casa de la Troya’. Lo malo es que, entre uno y otra, hay todavía padres perseguidos por intentar apenas superar ese cliché.

Bromas urbanísticas

Leo divertido en el periódico que en Carboneras –imaginen a donde han ido a poner la era, a estas alturas– la Justicia ha abierto una investigación para poner en claro las circunstancias en que han sido edificadas ciertas “casas ilegales”. ¡A buenas horas mangas verdes! ¡Pero si entre Marbella Y Chiclana (por no emborronar mas el mapa autonómico) hay miles de viviendas sin papeles cuya “legalización” propugna la Junta a costa, naturalmente, del contribuyente! Hay provincias donde incluso se han registrados casos (en plural) de alcaldes y concejales que han construido las suyas sobre terrenos prohibidos camufladas como casas de labranza, y ahí las tienen, tan campantes. Ahora que lo que tendría guasa sería que en Carboneras se echaran abajo esos chiringuitos mientras porfiado el hotel condenado por el ministerio y la Junta sigue en pie. El urbanismo es un cachondeo con la única condición de que el/la cachondo/a tenga siquiera un par de galones.